![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() |
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() |
![]() Mientras que estas tres identidades "se toman un tiempo para reflexionar", las asociaciones catalanas de críticos, artistas y galeristas han unido sus fuerzas para intentar intervenir en la decisión final. Según éstas, la solución de los problemas que aquejan el museo "no pasa por la simple ratificación o nombramiento de un nuevo director". Además, estas asociaciones pretenden facilitar con su unión el diálogo con las instituciones responsables del museo, al que quieren, directamente, "refundar" convirtiéndolo en un centro vivo, modélico y comprometido con su tiempo. Las instituciones públicas costearon la construcción del edificio y aportan el presupuesto necesario para el funcionamiento y las actividades del museo, mientras que la Fundación MACBA, compuesta por empresarios privados cuyo principal aportación es gestionar la incorporación de las obras de la colección del museo. Puesto difícil que tiene el director de dicho museo para poner de acuerdo a entidades públicas y privadas. El director, Miquel Molins, considera que sufre demasiadas "interferencias" en su gestión y pide total autonomía para decidir el modelo del museo que considera más adecuado para Barcelona. A él le achacan que durante este tiempo no ha sido capaz de definir un proyecto claro para el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y que no ha sido capaz de implicar a todo el sector profesional y al público en General en las actividades que realiza el centro. La solución del conflicto se complica más aún con las implicaciones personales del debate y la coyuntura política por la que atraviesa la Generalitat, reacia a abrir un nuevo frente de polémica. por desmantelar su conjunto histórico Todo comenzó cuando Abel Rasskin fue contratado por la Fundación Mapfre en 1988 para realizar un conjunto plástico en la sala de exposiciones. La obra estaba compuesta por tres volúmenes; dos de hormigón teñido y un arco de acero que se proyectaba en tres volúmenes de metal en el interior de la galería. En 1996, este arco de acero fue retirado, aunque no destruido. Las razones de la Fundación eran por motivos de seguridad. La respuesta de Rasskin fue una denuncia contra la Fundación, reclamando 25 millones de pesetas. Mapfre contestó a la demanda señalando que el trabajo de Rasskin no es una obra de arte sino unos trabajos de decoración que él se limitó a vigilar como un mero encargado de obra. La Fundación también señaló que la demanda fue un medio de expresión del autor para conseguir dinero por otros trabajos que ya cobró. A pesar de todo esto, el juez reconoce en la sentencia que Rasskin es un artista reconocido y que el caso se encuentra dentro de la Ley de Propiedad Intelectual, pues se trata de "un diseño que, compuesto en parte por materiales de construcción, forma un conjunto que se integra en la propia estructura arquitectónica del edificio". |