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AFGANISTÁN

La insurrección complica la misión militar internacional en suelo afgano

Por Salva Martínez MásTiempo de lectura2 min
Internacional10-09-2006

ISAF y Libertad duradera son las dos misiones militares que se desarrollan en Afganistán. La voluntad de crear un entorno seguro para que tenga lugar un proceso político democrático con que se identifica la primera y la pretensión de acabar con las amenazas terroristas que presenta la segunda no es suficiente para que ambas empresas militares alcancen sus objetivos.

Una buena prueba de la cierta insuficiencia de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad, ISAF (según sus siglas en inglés), es la conversación que mantuvo el comandante supremo aliado en Europa de la OTAN, el General James Jones, con la reportera del Internacional Herald Tribune, Judy Dempsey. El militar de mayor graduación de la Alianza Atlántica aseguraba estar pidiendo todavía refuerzos “solicitados hace 18 meses”. Jones explicaba: “no estoy pidiendo nada nuevo. Hemos configurado el 85 por ciento de la fuerza militar requerida”. En condiciones pacíficas, ese porcentaje pudiera bastar, pero Jones asegura que “los militares están luchando y un 85 por ciento no es suficiente, porque en una situación de combate, las cosas cambian”. Según Jones, ningún miembro de la OTAN hace “oferta de fuerzas militares” para enviarlas a los confines del Oriente Medio. De hecho, el desarrollo de la ISAF se ha complicado de forma notoria en los últimos seis meses. Es más, desde el primer día del pasado mes de agosto, 30 militares han perdido la vida en combates contra la insurgencia talibán. Esta cifra representa un tercio del total de miembros de la ISAF muertos en Afganistán desde que las tropas se desplegaran en el país allá por el mes de octubre de 2003, casi dos años después de que la misión recibiera la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Aunque resulte asimétrico el número de combatientes talibanes muertos hasta la fecha, cerca de 2.400 si se cuentan con los 94 muertos de los que daba cuenta la OTAN en los últimos choques de la semana pasada, los 18.500 militares que componen la ISAF se encuentran en una situación delicada. Porque dicha misión, al igual que la fuerza internacional liderada por EE.UU. que componen 21.500 hombres que todavía desarrollan actividades antiterroristas en el marco de la misión Libertad Duradera sin mandato de la ONU, se enfrenta a una cada vez más asentada resistencia talibán al sur y al este del país, además de contar con una cada vez menor aprobación popular. La primera dificultad responde no tanto a la realidad afgana sino a la del país vecino, Pakistán. Según Seth Jones, del Think tank estadounidense Rand Corporation, los servicios de inteligencia paquistaníes, donde el islamismo filotalibán parece haber ganado muchos enteros a espaldas del presidente del país, Pervez Musharraf, protegen en suelo paquistaní a los combatientes talibanes. En cuanto a la falta de apoyo popular afgano que acusan las tropas internacionales antiterroristas y aseguradoras de la transición política del país, el que fuera ministro de Asuntos Exteriores afgano entre 1992 y 1996, Najibullah Lafraie, mantiene que “americanos e ISAF fueron recibidos como libertadores pero han abusado de la hospitalidad”. Por esa razón, “después de innumerables errores, han puesto a la gran mayoría de la población en su contra y son vistos como otro ejército infiel que intenta ocupar el territorio”, asegura Lafraie.