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INMIGRACIÓN

Canarias, superada por la inmigración irregular

Fotografía Uno de los miles de inmigrantes centroafricanos llegados recientemente a Canarias

Por Aitor Rodriguez SagarduyTiempo de lectura1 min
Sociedad09-09-2006

La llegada masiva de cayucos a las costas canarias ha sido, sin duda, uno de los temas más destacados para la situación social y política de España en los últimos meses. El problema ya no sólo afecta al gobierno canario, pues ha alcanzado también las puertas del Congreso, y ha llegado incluso al Parlamento Europeo para convertirse en un problema de todos.

Huyen de la más extrema pobreza y de la más rotunda ausencia de esperanzas de progresar. Por ello se juegan la vida, a cambio de un futuro que por muy incierto que sea, siempre les será más favorable. Después de hacer la vista gorda, parece que ahora sus gobiernos se dan cuenta de la gravedad de la situación y comienzan a trabajar por alcanzar una solución. El Gobierno de Senegal ha trasladado al Estado español su compromiso de aceptar las repatriaciones de todos los inmigrantes ilegales procedentes de su país. Además, se ha anunciado un refuerzo en la vigilancia de las costas africanas con aviones españoles, que se sumarán al dispositivo puesto en marcha hace unos días. La cifra de inmigrantes duplica holgadamente el récord registrado en 2002 con 9.929 indocumentados3llegados a las costas canarias y es cinco veces mayor que las de 2005. El incesante flujo migratorio es mayor en estas fechas por verse favorecido por las temperaturas más propicias y mar mucho más en calma. Los inmigrantes que arrivan al litoral canario permanecen retenidos en centros en las islas durante varias semanas, centros que se encuentras desbordados por tan amplia afluencia. Mientras, las autoridades tratan de determinar su identidad para poder repatriarlos. En la práctica, sin embargo, la mayoría se niega a revelar su nacionalidad para evitar la deportación, y el Gobierno español acaba generalmente enviándoles en avión a la Península y les deja libres después de darles una carta en la que se les pide que abandonen el país.

Fotografía de Aitor Rodriguez Sagarduy