SUCESOS
Natascha Kampusch: más fuerte que su secuestrador
Por Elena R. Blázquez
2 min
Sociedad06-09-2006
Aunque ante las cámaras de televisión Kampusch sorprendió a parte de la opinión pública por su fuerza y madurez y decepcionó a otra parte por su discreción, los psicólogos que la tratan advierten de que aún deben pasar años para que la joven austriaca asimile muchas de sus experiencias y pueda hablar de ellas.
Pero no hace falta hablar para transmitir algunas emociones. Durante la entrevista que realizó la televisión pública austriaca (ORF) en un hospital de Viena, Kampusch apretaba tanto las manos en los momentos tensos que las uñas se le quedaban blancas, y de vez en cuando se irritaba y tenía que interrumpir súbitamente la conversación. A pesar de ello, compareció ante la prensa por voluntad propia y con el consentimiento de sus asesores, para reducir la presión mediática y social por saber más sobre su caso. Ella misma advirtió en una carta enviada a los periodistas, que castigará personalmente a aquél que intente averiguar detalles personales, aunque adelantó algunas declaraciones y detalles de su secuestro. Wolfgang Priklopil la metió en una camioneta cuando iba a la escuela con diez años, y con él pasó ocho años más, encerrada en un zulo de cinco metros cuadrados, que ambos acomodaron. Durante los primeros años, él la obligó a pasar hambre y a vivir sin luz, para doblegar su voluntad. La decía que sus padres no la querían y no iban a pagar su rescate. Con el tiempo, la compró prensa, libros y enciclopedias, que ella "engullía" para tener conocimientos cuando lograra escapar. De la relación de ambos, Kampusch se niega a hablar y sólo concede expresar que ella era más fuerte que él debido a su personalidad inestable, y que no era su "amo y señor", a pesar de que realizaba las tareas del hogar. Cuando se ganó la confianza suficiente, salía a la calle en compañía de Priklopil, que la amenazaba con matar a todo al que pidiera ayuda y después la asesinaría a ella. Pero en una de estas salidas, ante un descuido de él, Natascha salió corriendo y avisó a unos vecinos, que llamaron a la policía. La idea de que ella no vino al mundo para estar encerrada y la promesa que había hecho a su futuro yo de que escaparía, fueron la fuente de sus fuerzas. Actualmente vive en un centro de atención especial con otros jóvenes, donde deberá guardar reposo para curar su gripe y las afecciones de corazón y circulación que le han producido tantos años de malnutrición. Ahora Natascha quiere recuperar el tiempo perdido, estudiar bachillerato y viajar por el mundo, y se plantea dos proyectos para el futuro: ayudar a las mujeres raptadas y violadas en Ciudad Juárez (México) y combatir el hambre en África.