ANÁLISIS DE ESPAÑA
El PP en el ¬buen¬ camino
Por Alejandro Requeijo
4 min
España18-12-2005
La Guerra de Iraq y el Prestige, o lo que es lo mismo, los dos errores más rentables de nuestra historia democrática, reaparecieron de nuevo en la escena política. Un leve respiro para Zapatero que con tanto Estatuto, tanta LOE y tanta Unión Europea está que no da abasto. Curiosamente fue el mandatario norteamericano, George Bush, el encargado de echarle un cable -involuntario, claro está- a su “colega” español. Fue a través de un discurso institucional. Cuando se cumplen 1000 días de la intervención del trío de las Azores en Iraq, Bush hizo públicas sus chapuzas en aquel país. Desde el PSOE, que quizá otra cosa no, pero el juego del anti-imperialismo yanki se les da de maravilla, rápidamente vieron en las palabras del dirigente estadounidense una oportunidad de oro para desempolvar las mentiras del PP. Para lo otro no hizo falta ninguna ayuda extranjera. Bastaron unas grabaciones inéditas de la gestión de la crisis del Prestige para reflotar el petrolero y restregarle de nuevo el chapapote a los populares. No obstante, esta vez el PP no ha caído en la trampa. Resulta que ahora los Zaplana, Acebes y compañía dicen que no quieren mirar al pasado. Que cosas. Ahora prefieren hacerlo hacia delante por la misma razón que el PSOE prefiere hacerlo hacía atrás: porque lo que se encuentran es mucho más beneficioso para sus intereses. Al PP nada parecen importarle ya las dudas que todavía rodean el 11-M, ni la defensa del papel del Gobierno de Aznar tras el atentado. Tampoco interesan ya las comparecencias ante la Comisión de Investigación, ni la importancia de unas buenas relaciones con EE.UU. Los de Rajoy se han batido en una oportuna retirada de todas sus guerras perdidas para centrarse en otras batallas de las que si que pueden salir victoriosos. Una de ellas, el Estatuto catalán. Además han tenido la suerte de que la reforma estatutaria también sea el tema favorito de ERC, de momento, primer aliado de Zapatero y desgraciadamente uno de los principales protagonistas de la política actual. Por ello, el intento por parte de la izquierda de desviar la atención con la guerra de Iraq y el Prestige tan sólo se quedó en un fugaz recordatorio de sus felices días de vino y pancartas en la oposición. La agenda política ya no la marca ni la Moncloa ni Ferraz, si no la mayoría parlamentaria que ahora pide Estatut y pide ETA. Esto preocupa al PSOE y, según las encuestas, beneficia principalmente al PP. Rajoy ha sabido aprovecharse de los riesgos que entrañan los proyectos de Zapatero y les esta sacando todo el partido posible. Seguirá haciéndolo hasta que las urnas le confíen otras responsabilidades o hasta que, de lo contrario, se cumplan las expectativas de Zapatero. Eso implica que el Estatuto quede limpio como una patena o que ETA declare un alto el fuego. Pero para saber eso todavía habrá que esperar. De momento, Rajoy se puede dar por satisfecho al haber conseguido cambiar a tiempo el rumbo de una nave que vagaba a la deriva. Anclado en viejas rencillas, el PP estaba destinado al fracaso. Pero ahora eso ha cambiado. Hasta Aznar cuando habla ya no provoca estragos en el seno del partido. Lo trise es que el “éxito” de Rajoy vaya íntimamente relacionado con la crispación entre PP y PSOE en los principales temas de Estado. Recientemente, el presunto asesino de Miguel Ángel Blanco ha llegado a España procedente de Francia para ser juzgado por la Audiencia Nacional. La vuelta de “Txapote“, nos transporta irremediablemente a aquel verano de 1997. Nos recuerda aquellos trágicos momentos, pero también nos devuelve al llamado “espíritu de Ermua“. Ese momento en el que la sociedad española, incluyendo una inmensa mayoría del pueblo vasco, le dijo por primera vez un rotundo y definitivo no a los terroristas. Un sentimiento que se trasladó a la clase política y en concreto a los dos principales partidos. Socialistas y populares decidieron dejar a un lado sus diferencias cotidianas para emprender juntos el difícil trabajo de la lucha contra ETA. En pleno debate sobre si mirar hacia el pasado o hacía el futuro, es triste y preocupante comprobar como hoy, ocho años después, al menos a nivel político, el “espíritu de Ermua” es tan sólo un bonito recuerdo.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio