ROJO SOBRE GRIS
Complicarse la vida
Por Amalia Casado
2 min
Opinión19-12-2005
La entrevista es de la periodista María Eugenia Yagüe. La entrevistada, otra periodista: Isabel Gemio; y el medio que publica es El Mundo. Es una pequeña conversación a raíz de la declaración pública que la conocida presentadora de Hay un mensaje para ti ha realizado a favor de la Asociación de Enfermedades Neuromusculares. Ahora colabora con la misma porque su hijo padece una de las patologías infantiles más dolorosas, la llamada "distrofia muscular de Duchenne". Isabel Gemio dice que su apoyo a esta Asociación no está motivada por un interés publicitario personal: “Estoy hablando de mi propio hijo. Yo no voy a un sitio, me paseo y vuelvo a la comodidad de mi casa. El problema está en mi propio hogar. Yo lo que he hecho es complicarme la vida voluntariamente”. La vida hoy en día, especialmente en las grandes ciudades, es ya una vida complicada: horas aplastadas en el transporte, interminables horas en el trabajo, horas en el hogar escasas, minutos engullidos en la comida... poder dormir es casi un sueño. Como decía uno, es la paradoja de nuestro tiempo en el mundo desarrollado. Sumarle a eso una dosis de complicación más para dedicar a los demás, especialmente a los más desfavorecidos, parece una locura, y lo único que da profundo sentido y cordura a esa decisión voluntaria es lo que celebramos precisamente en Navidad. La Navidad pueden ser las navidades, con minúscula, unas fiestas más entre las varias fiestas diversas que celebramos al año. Puede ser algo más: pueden ser unas fiestas con un algo especial que nos invita a ser más cordiales, más cariñosos, más familiares; con un algo especial que despierta en nosotros los sentimientos más nobles que se albergan en nuestro corazón. Pero también puede ser Navidad, en singular y con mayúscula. En singular porque es un nacimiento único en el mundo que ha dividido la Historia en dos. En mayúscula porque es el nacimiento nada más y nada menos que del Hijo de Dios, de Dios mismo, lo que celebramos. Celebramos que merece la pena complicarse la vida voluntariamente porque antes que nosotros nos precedió uno que se la complicó hasta la muerte para decirnos que nos ama como nadie. Es un acto que sólo puede hacerse desde la más íntima libertad, pues implica esclavizarse a una causa que está por encima de nosotros y que, paradójicamente también, nos hace auténticamente libres. Como decía el filósofo Julián Marías, fallecido esta semana, si puede mejorarse el mundo “por mí, que no quede”. Rojo sobre gris a quienes redescubren en Navidad el sentido profundo de complicarse la vida. Por mí, que no quede.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo