Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

Rajoy, discreto corredor de fondo

Por Raquel TeresaTiempo de lectura3 min
España31-08-2003

Sereno y ambiguo, como buen gallego, Mariano Rajoy sorteaba las preguntas sobre el sucesor de Aznar. "Será lo suficientemente conocido", aseguró sin desvelar si sabía que se refería a sí mismo.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, ciudad donde nació hace 48 años, y registrador de al propiedad, está casado y es padre de un hijo, es amante del ciclismo y del fútbol como socio del Real Madrid y forofo de todos los equipos gallegos. Asegura fumar "todos los habanos que me da tiempo desde que desayuno hasta que me acuesto". Rajoy tiene a su favor su conocimiento de los entresijos de las tres administraciones, local, autonómica y nacional. Su ascenso comienza en las primeras elecciones democráticas en Galicia, el 20 de octubre de 1981, como diputado autonómico por Alianza Popular (AP) y secretario segundo de la mesa del parlamento gallego. Poco a poco fue ascendiendo, director general de Relaciones Institucionales de la Xunta de Galicia en 1982, un año después concejal en el Ayuntamiento de Pontevedra y en 1986 presidente de la Diputación Provincial. Consiguió un escaño en el Congreso como cabeza de lista por Pontevedra en las generales del 22 de junio de 1986 pero tuvo que abandonarlo dos meses después para asumir la vicepresidencia de la Xunta hasta septiembre de 1987. Desde entonces fue presidente provincial de AP y en mayo de 1988, presidente general en Galicia. Es miembro de la Ejecutiva nacional del Partido Popular desde enero de 1989. La llegada de José María Aznar a la Presidencia del PP le adelanta a vicesecretario general. En el primer Gobierno popular (1996-2000) fue ministro de Administraciones Públicas, cargo desde el que impulsó los traspasos autonómicos, y más tarde de Educación y Cultura, una de las carteras que más críticas había recibido de la oposición y desde la que se encargó de las reformas de la enseñanza. En la segunda legislatura (2000-2004) se ocupó de la vicepresidencia primera del Gobierno y la cartera de la Presidencia, que cambió por la de Interior desde febrero de 2001 a julio de 2002. En Interior trabajó en la lucha contra ETA y la inmigración ilegal, contra la cual promovió una política común durante la presidencia española de la UE. Situado entre los favoritos por su eficaz gestión y sus capacidades de diálogo y negociación con la oposición, capaz de defender la tesis ideológica de Aznar a la vez que posee un talante con el que llegará donde él no pudo. Ha demostrado habilidad para capear temporales combinando diplomacia y un irónico sentido del humor: la crisis de las vacas locas, los pactos con los nacionalistas, la reforma de la enseñanza, la coordinación de los trabajos del Prestige y el malestar social creado por la guerra de Irak. Frente a la tendencia al escaqueo de la que se acusa a Aznar, se caracteriza por dar la cara en el Parlamento y otros foros públicos, como brillante y sólido orador. En contra, la falta de apoyo concreto en las filas del PP, la política exterior y la economía, tres puntos flacos que dominaba Rodrigo Rato, principal contrincante. Rajoy pasó inadvertido por su aparente falta de ambición, pero la confianza que Aznar depositó en él, desde que le encargó dirigir las campañas electorales que dieron la victoria al PP, en 1996 y 2000, le ha hecho forjarse un brillante curriculum con labores de coordinador, negociador y portavoz. Una experiencia que ha otorgado al número dos del Ejecutivo las cartas necesarias para pasar a primera línea. Ahora, en la cúspide.