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PREMIO NOBEL DE LA PAZ

La voz incansable de Malala Yousafzai por la educación de las niñas

Por Jesús EspinosaTiempo de lectura3 min
Sociedad12-12-2014

Si hay una persona que se ha dejado la piel porque las niñas puedan ir a la escuela y tengan una educación digna es Malala. Su lucha le ha costado un intento de asesinato y una vida repleta de miedos e inseguridades. Pero, por ahora, el final feliz de la historia, aunque muy lentamente, empieza a acercarse.

Los talibanes paquistaníes intentaron callarla a tiros. Fue hace un año, pero ahora Malala Yousafzai se ha convertido en un icono de libertad, de igualdad de la mujer y del derecho a la educación. Su lucha incansable por el derecho de las niñas a estudiar le ha merecido los reconocimientos más importantes. Es la premiada más joven con el Nobel de la Paz y el Sájarov a la libertad de conciencia. La historia de Malala comienza en 2009, cuando la niña tenía 12 años y los talibanes paquistaníes controlaban el  valle  del Swat, en el noreste de Pakistán. Ellos, en esa región, imponían su versión rigorista del Islam. Una lectura extremista de las escrituras sagradas de su religión. En ese sentido, una de sus medidas fue prohibir que las niñas acudieran a la escuela. Un dato relevante es que el 70% de las compañeras de Malala habían dejado de acudir a clase  por miedo o por indicación de sus familias. Todas menos Malala, que acudía de manera casi clandestina, sin uniforme, escondiendo sus libros. La fama llegó cuando comenzó a narrar sus experiencias en un blog diario en la página de la BBC en urdu, una de las lenguas que se hablan en Pakistán, bajo el seudonimo Gul Makay. “En el mundo”, escribía la joven, “las chicas van a la escuela libremente y no hay miedo, pero  en Swat cuando vas a la escuela tienes mucho miedo de los talibanes. Ellos nos matarán. Nos lanzarán ácido a la cara. Pueden hacer cualquier cosa”. “En mi camino a la escuela he escuchado a un hombre diciendo ‘Te  mataré’. Aligeré el paso y un momento después miré si estaba detrás de  mí pero para m alivio estaba hablando por el móvil y debía estar  amenazando a otro”, decía en otra entrada perteneciente al el 3 de enero. Sus historias llamaron la atención de un periodista del New York Times llamado Adam B. Ellick. Este consiguió entrevistarla, lo que supuso ponerle cara tanto para el mundo como para sus enemigos. En 2010, el Ejército paquistaní expulsó finalmente a los talibanes del Swat y Malala volvió a su escuela. El Gobierno, incluso, decidió convertirla en icono y darle un premio nacional a finales de 2011. Pero desde que su identidad había sido revelada, Malala y su familia sufrían amenazas continuas.  Desgraciadamente, el 6 de octubre de 2012 esas las amenazas se convirtieron en realidad. Un grupo de hombres armados llegó a la escuela. Preguntaron por ella y la esperaron a la salida. Después, subieron al autobús escolar y le dispararon a bocajarro en la cabeza y el cuello, dejándola al borde de la muerte. El portavoz de los talibanes paquistaníes, Ehsanullah Ehsan, confesaba que el grupo estaba tras el ataque. "Es pro-occidental, estaba hablando contra los talibanes y decía que  el presidente Obama era su ídolo", dijo. La joven activista fue trasladada en un avión ambulancia desde Islamabad al hospital Queen Elisabeth de Birmingham, en Reino Unido, donde se sometió a dos intervenciones quirúrgicas complicadas. Afortunadamente sobrevivió al intento de asesinato. Ya en noviembre de 2012, la ONU dedicó un día en su nombre al derecho universal a la Educación y, durante su discurso, la joven afirmó que no estaba en contra de nadie, ni siquiera de los  talibanes en su país, y aseguró que incluso si tuviera una pistola "no dispararía" a la persona que la atacó.