ADOPCIÓN
Un sacerdote se convierte en ‘padre’ de un niño de Chernóbil
Por La Semana
2 min
Sociedad29-05-2002
Valentín Bravo Fernández, un párroco segoviano, es el padre legal de un niño huérfano de origen bielorruso, procedente de la zona afectada por la catástrofe de Chernóbil. El pequeño se llama Aleksey Gromico, aunque sus nuevos vecinos le llaman Alosa. Tiene ocho años de edad y se ha convertido en el protagonista de un caso poco habitual: un niño extranjero adoptado por un sacerdote español.
Los problemas de salud de Alosa hicieron que el párroco lograse prorrogar su visita a El Espinar (Segovia). El niño formaba parte de un programa integrado por otros pequeños bielorrusos que iban a ser acogidos por familias españolas durante los meses de verano. Valentín Bravo consiguió un permiso de residencia para tratar el estrabismo lateral y convergente que padecía el niño. La nueva vida “en familia” no resultó fácil. “Los primeros días de convivencia con el niño fueron muy difíciles, Alosa no sabía lo que era un beso y debido a la realidad vivida en su país respondía a las palabras con mordiscos y patadas”, asegura el sacerdote. Con el tiempo Alosa aprendió a comportarse como los niños de su edad, fue al colegio y aprendió español rápidamente. Bravo conocía la realidad y “sabía que si le volvían a llevar a su país no tendría futuro” y como él mismo añadió “yo no tenía derecho a hacer eso”. El sacerdote se puso en marcha para lograr que Alosa se quedase en España. En mayo del 2001 Bravo viajó a Bielorrusia donde contactó con el Centro Nacional de Adopciones. A partir de ahí comenzó un año de viajes a Bielorrusia, trámites incluso de índole diplomático, y aprobaciones por parte de la Junta de Castilla y León y del Ministerio de Asuntos Sociales. También hubo numerosas visitas de psicólogos y asistentes sociales que comprobaron, una y otra vez, las buenas condiciones de vida en las que Alosa iba a vivir. Una sentencia irrevocable de una juez bielorrusa que concedía la adopción culminó el proceso. Aunque la Conferencia Episcopal Española se ha mostrado contraria a este tipo de casos que “mezclan” la vida religiosa con la familiar de los sacerdotes, para Bravo se trata de un caso más de adopción. Debido a su condición nunca se hubiese imaginado la posibilidad de ser padre, pero ahora que lo es anima a otros sacerdotes a practicar la adopción, pues según él “no hay más problemas que los que pueden tener lo padres solteros hoy en día y es además una experiencia personal muy gratificante”. Este caso ha sido uno de los pioneros en España junto con otro ocurrido en Palencia, donde hace cinco años, en 1997, otro cura español, Rafael Guerrero de 46 años, consiguió la adopción de una niña peruana gracias a la ayuda de Mensajeros de la Paz.