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El PP teme el éxodo de sus cargos del País Vasco

Por Raquel GonzálezTiempo de lectura2 min
España20-05-2001

Tras la derrota sufrida por el Partido Popular (PP) en las elecciones vascas, queda ahora un arduo trabajo de reflexión y de puesta en marcha como oposición al Partido Nacionalista Vasco. Lo primero es tranquilizar a los concejales y cargos públicos en el País Vasco para que el miedo no les lleve a abandonar; lo segundo, dialogar con los nacionalistas.

Aunque nadie se atreve a hablar en público de fracaso, lo que no han podido ocultar los populares ha sido un sentimiento general de decepción. Se quería subir muy alto y la caída ha hecho daño. A muchos concejales y cargos públicos del Partido Popular (PP), sobre todo los que ejercen en el País Vasco, el desánimo les ha vencido a partir de los resultados del pasado 13 de mayo. María San Gil, presidenta del PP en Guipúzcoa, mostraba el sentir general de los representantes políticos vascos cuando afirmaba que muchos no estarían dispuestos a seguir sacrificando su vida "a cambio de una sociedad que les ha dado la espalda". Ese desaliento ha sido el principal escollo que el PP se ha encargado de salvar en los días posteriores al 13-M. El mismo presidente del Gobierno y del PP, José María Aznar, fue el que arengó a los desanimados pidiéndoles que recargasen su compromiso tanto con el partido como con los electores que han confiado en el constitucionalismo. Aznar les aseguró su cercanía: "Saben que el presidente del Gobierno está detrás". Con los "decepcionantes resultados", al PP no le queda otra alternativa que ejercer de oposición. En principio, será Mayor Oreja el que encabece esa tarea. Tras algunos días de confusión y sin querer hablar muy claro sobre su futuro papel en el País Vasco, Mayor Oreja ha ratificado a su presidente que su porvenir político estará ligado al País Vasco hasta los próximos comicios vascos del 2003. El PP se ha mostrado dispuesto a mantener con el lehendakari un "diálogo institucional", es decir, unas conversaciones limitadas a la actividad parlamentaria. Aznar no quiere ni oír hablar de mesas irlandesas como ha sugerido Arzalluz, ya que según él se trata de un intento por conseguir la autodeterminación "a plazos".