LIGA DE CAMPEONES
El triunfo del orden y la disciplina
Por Andreu Romero
3 min
Deportes18-05-2001
Hace un año el Valencia salía escaldado de París después de perder la final de la Liga de Campeones. Con la marcha de Farinós, Gerard y el Piojo López, nadie esperaba que los valencianos pudieran vengar resarcirse tan pronto. Esta vez en Milán, el conjunto ché disputará su segunda final consecutiva, con el recuerdo de París en la mente.
Lo hará por méritos propios, gracias a la inteligencia de un hombre: Héctor Cúper. El argentino, consciente de las limitaciones de su equipo, ha sabido esconderlas y realzar sus virtudes. Las ha engarzado en juego tildado por muchos de poco brillante y conservador, pero tremendamente eficaz. En esa eficacia ha estado la clave del éxito: no en vano, el Valencia es el equipo menos goleado de Europa. Para llegar hasta la final el Valencia ha recorrido un largo camino. Lo comenzó en agosto, cuando los demás equipos empezaban su pretemporada. Los valencianos madrugaron de nuevo antes que la mayoría de sus rivales. El obstáculo que se interponía en su camino para participar en la liguilla era el Tirol Innsbruck. Después de un aburrido partido en Austria, dos golazos de Mendieta y dos de Diego Alonso en Mestalla le sirvieron para clasificarse holgadamente. Primera fase El sorteo de la primera fase fue benévolo para el Valencia, cabeza de serie. Herenveen, Olympiakos y Olympique de Lyon doblaron la rodilla ante un equipo que fue netamente superior y que acabó primero del grupo C. En esta fase ya se advirtió el factor clave que ha hecho de los valencianos un grande en Europa: Mestalla se ha convertido en un fortín inexpugnable, donde nadie ha conseguido ganar en competiciones europeas desde 1992. El Valencia ganó todos los partidos, excepto en Grecia, donde perdió, y un empate en Holanda contra el Hereenveen cuando ya no se jugaba nada. Segunda fase Quizá para compensar de los dos grupos de la muerte que le correspondieron la temporada anterior, el sorteo tampoco fue cruel. El único adversario de entidad fue el Manchester United, pero el campeón inglés nunca supo desbrozar la defensa valenciana. Al contrario, los hombres de Cúper siempre llevaron la manija del juego en los dos enfrentamientos. En especial en Old Trafford, donde el Valencia empató in extremis, en el que fue el mejor partido del Valencia en Europa hasta ese momento. Antes había empatado a cero con los ingleses en casa y en Grecia, esta vez en cancha del Panathinaikos. Hasta entonces daba la sensación que el equipo ganaba sin esforzarse, sin despeinarse, ofreciendo lo justo. Esa eficacia poco brillante era la que que tanto le gusta a Cúper. Con el Panathinaikos y con el Sturm Graz mostró su aplastante superioridad siguiendo este guión. Incluso una goleada (1-5) en Austria le facilitó quedar primero del grupo A y pasar con ventaja de campo a los cuartos de final. Cuartos de final y semifinales En las eliminatorias esperaba la armada inglesa. El primer rival era el temible Arsenal; el Valencia fue fiel a los principios que le habían llevado hasta su situación. Aguantó el chaparrón como pudo en Highbury Park. Cinco minutos de despiste estuvieron a punto de arruinar un gol de Ayala y el pase a las semifinales. Pero las tornas se invirtieron en Mestalla: justo cuando parecía más difícil romper la telaraña defensiva de los ingleses, un cabezazo certero del protestado Carew acabó con las opciones británicas. El penúltimo escollo fue el Leeds, la sorpresa de la competición, que venía avalado por haber eliminado al Deportivo. Cúper aleccionó a los suyos para evitar cualquier error. Así, el Valencia consiguió un valioso empate a cero en Elland Road, en un vibrante partido. La duda de si el equipo sería capaz de la hazaña conseguida contra el Arsenal. Y no sólo fue así, sino que la superó y goleó (3-0) a un insulso Leeds. Lo hizo casi sin despeinarse, fácil. Como durante toda la competición.