TOROS
La ¬diosa rubia¬ se fue al Olimpo
Por Almudena Hernández
1 min
Espectáculos17-02-2009
Se llamaba Concepción Cintrón Verrill y fue torero. También fue mujer pero supo demostrar en los complicados años de mitad del siglo XX que una refinada, atractiva y femenina dama podía triunfar -y recibir cornadas- en el masculino mundo de los toros. Con la muerte de Conchita Citrón se va uno de los mitos que más ha marcado la historia del toreo femenino y, por ende, también del toreo.
Había nacido en Chile el 9 de agosto de 1922. Era hija de un portorriqueño y una norteamericana de origen irlandés, pero siempre se consideró peruana, donde vivió desde poco después de nacer. Es en Perú donde tiene el primer contacto con el mundo de los toros, cuando de niña empieza a recibir clases de equitación en una academia del rejoneador portugués Ruy da Camara. A pie su maestro sería, ni más ni menos, Diego Mazquiarán Fortuna. Debuta en el toreo a caballo en Acho en 1936 y dos años después se presenta como novillera en el coso peruano de Tarma, para continuar su profesión en los cosos de Venezuela, Colombia, México e, incluso, Estados Unidos -sin llegar a matar a las reses-. En 1945 torea por pirmera vez en España, pero el régimen franquista sólo la permitía torear a caballo, por su condición de mujer. Durante cinco temporadas hace unos ochena paseíllos en estas latitudes del planeta, aunque la prohibición de bajarse del caballo le impide rematar sus lidias y dejar ver bien su toreo a pie. Se retiró en 1950, después de numerosos triunfos por todo el mundo -fue apreciada también en Francia y Portugal- y varias cogidas. Se casó un año más tarde con un aristócrata portugués, Francisco de Castelo Branco. Hace unos días, en Lisboa, se paró su corazón, ése que había aguantado tantos embroques y cites, ése que nunca rehuyó a sentir como una mujer, a pesar de las críticas que siempre acompañan a las mujeres torero. En el planeta de los toros se la conoció como la diosa rubia, una divinidad de carne y hueso que con su adiós deja un poquito más huérfano al mundo taurino.