ISRAEL
Los resultados electorales constatan el giro a la derecha de Israel

Por Miguel Martorell
3 min
Internacional15-02-2009
La lectura de las últimas elecciones legislativas en Israel no puede ser otra, el país ha girado a la derecha. La obsesión por la seguridad que se percibe en el Estado judío ha beneficiado a los partidos situados a la derecha del espectro político. Especialmente al Likud, que pese a ser la segunda fuerza más votada podría acabar siendo el elegido para formar el próximo gobierno.
La seguridad por encima de cualquier plan de paz para acabar con el conflicto entre Israel y Palestina. Ese ha sido el voto de la ciudadanía israelí en las últimas elecciones legislativas, celebradas la semana pasada, y en las que los partidos de la derecha han obtenido una cómoda mayoría frente a los izquierdistas y centristas. Aunque el centrista Kadima de Tzipi Livni, con 28 escaños, es la primera opción, lo cierto es que la actual ministra de Exteriores tiene difícil formar una coalición de gobierno. Por el contrario, la derecha moderada del Likud, liderada por Benjamin Netanyahu y con 27 escaños, es la que gana enteros tras los comicios. Ambas formaciones se han lanzado a unas maratonianas negociaciones para componer un ejecutivo “de unidad nacional”. Esto quiere decir que Kadima y Likud tratarán de convencer al otro para, entre los dos, formar un gobierno de mayorías. Ambos quieren el sillón de primer ministro, pero Netanyahu es el que parte con ventaja. Livni, aunque ha conseguido remontar en las urnas los resultados que le daban las encuestas, no cuenta con el apoyo suficiente para su investidura, 61 de los 120 escaños del Parlamento. Podrá contar con el centro-izquierda del Partido Laborista del actual ministro de Defensa, Ehud Barak, con 13 escaños, pero no será suficiente. A partir de ahí, Livni no tiene más opciones a la izquierda. Ni en el improbable caso que uniera bajo su manto a comunistas, socialdemócratas y nacionalistas árabes alcanzaría los 61 escaños necesarios. Así pues, la ministra tiene que mirar a la derecha, pero las salidas son también poco probables. Livni tendría que convencer a la derecha conservadora y a la radical ultraortodoxa para formar gobierno, algo sumamente difícil si se tiene en cuenta que algunos de esos partidos ya la rechazaron cuando trató de conservar el Ejecutivo tras la dimisión de Ehud Olmert. La razón de este repudio tiene raíces religiosas profundamente conservadoras: es mujer. Las opciones para Netanyahu son mejores. La derecha radical de Avigdor Lieberman y su Israel Beitenu (Israel Nuestra Patria) y sus 15 escaños ya se han mostrado favorables a una hipotética alianza, aunque con dos condiciones, el Ministerio de Defensa y erradicar cualquier esperanza de negociación con los “terroristas palestinos”. Junto con Lieberman, que en alguna ocasión ha señalado que la mejor opción para Gaza sería una bomba atómica, Netanyahu sólo necesitaría el apoyo de dos partidos ultraortodoxos y de los sionistas-nacionalistas de Unidad Nacional. Sin embargo, los analistas creen que el líder del Likud optará por una imagen menos radical de su gobierno. Así pues, el futuro Ejecutivo de Israel se decidirá en un pulso entre Livni y Netanyahu para ver quién de los dos es primer ministro. El Likud quiere conservar a Livni en Exteriores y darle a Kadima el Ministerio de Defensa, ahora en manos del laborista Barack; la ministra quiere hacer lo propio con Netanyahu y ser ella la jefa de Gobierno. La primera pista del rumbo que tomarán los acontecimientos será el día que el presidente de Israel, Simon Peres, convoque a uno de los dos líderes para que forme gobierno. Por tradición política, esta misión correspondería a la formación más votada, la de Livni, pero dados los resultados, los analistas no descartan que lo deje en manos de Netanyahu. Sea como sea, lo único que está claro de momento es que la operación Plomo Fundido sobre Gaza, que dejó 1.300 muertos, ha provocado que los electores miren a la derecha como forma de gobierno, lo cual, en última instancia, supone legitimar los métodos militares como opción ante el llamado problema palestino.