ESQUÍ
La campeona que emergió de las llanuras
Por Álvaro Heralta
3 min
Deportes15-02-2009
“Si trabajas duro, al final tienes recompensa”. Esta es la filosofía que mueve a Lindsay Vonn día a día en su paso por la Copa del Mundo. La esquiadora norteamericana es de las que cuando se caen lo primero que hacen es pensar en cómo levantarse. Esta mentalidad es la que le ha hecho colgarse dos oros en el XL Campeonato Mundial de Esquí Alpino en Val d¬Isère, Francia.
Nacida en las llanuras de Saint Paul, Minnesota (Estados Unidos) en 1984, desde pequeña Lindsay Vonn tuvo claro que lo suyo era el esquí. En ello influyó, en gran parte, su padre, Alan Kildow, antiguo esquiador profesional. Sin embargo, lo que le hizo decantarse definitivamente por el deporte de la nieve fue que, con apenas nueve años, Picabo Street, campeona olímpica de supergigante en 1998, le dedicara una foto en una tienda de Minneapolis. De hecho, se trasladó a vivir con su familia a Vail, Colorado (Estados Unidos) para poder desarrollar su vocación. Con nueve años ya competía en carreras internacionales y con 14 se convirtió en la primera norteamericana en ganar el prestigio trofeo italiano de Toppolino, el cual todavía considera ella como su mejor victoria. Todo ello le llevó a debutar en el año 2000 en la Copa del Mundo de esquí alpino en Park City, Utah (Estados Unidos). En 2001 sumó sus primeros puntos en el Mundial tras finalizar en 26ª posición en el Super Gigante disputado en Val d¬Isère, Francia. Esta temporada, además, se hizo con la medalla de bronce de la clasificación combinada de los campeonatos de su país natal. Durante esta etapa compitió con su apellido paterno, Kildow, que se cambiaría en 2007 por Vonn tras casarse con Thomas Vonn, antiguo esquiador. Hasta entonces, fue conocida con el mote de The Don o Don Don porque un día, durante una entrevista, el campeón del Mundo Bode Miller se refirió a ella como Kildon. En 2002, pasó a formar parte del equipo olímpico de los Estados Unidos, con el que compitió en las categorías de combinada y de eslalon. Esa misma temporada se hizo con dos campeonatos norteamericanos y obtuvo varias medallas en los campeonatos del Mundo junior. En 2003 continuó su progresión al lograr una presea de plata en este mismo Mundial. Aunque fue en 2004 cuando comenzó su gran despegue, ya que en este curso subió por primera vez al podio de la Copa del Mundo en Cortina d’Ampezzo (Italia) y cosechó su primera victoria en el descenso de Lake Louise, Canadá. En esta temporada subió cinco veces más al cajón. En 2005 ya estaba consolidada como una de las esquiadoras a seguir. Sin embargo, Vonn no se conformaba con esto y quería volver a competir en unas Olimpiadas. Por ello, en el verano de este año entrenó de manera muy dura en Oregon (Estados Unidos) y Chile con el objetivo de mejorar su forma de cara a 2006. Su trabajo se vio recompensado, pues acudió a los Juegos Olímpicos de invierno de Turín. A ellos acudió en busca del título de descenso, sin embargo, durante los entrenamientos, sufrió una dura caída que dio con ella en el hospital. Pese a ello, Lindsay siempre ha dicho que le dan más miedo las arañas que los golpes que pueda sufrir. Por eso sorprendió a propios y extraños al competir finalmente en la prueba. No la ganó, pero su actitud dejó impresionada a su país, que le concedió el Premio al Espíritu Olímpico. 2007 recompensó con grandes éxitos el gran esfuerzo realizado en años anteriores, pues en los Mundiales de Are (Suecia), se colgó dos medallas de plata. Una en el descenso y otra en el Supergigante. Aunque fue el 2008 el que le encumbró de manera definitiva al lograr sus dos primeros Globos de Cristal en la Copa del Mundo, uno como ganadora de la general y otro en la categoría de descenso. 2009 le puede poner a la altura de Tamara McKinney, la mejor esquiadora estadounidense de la historia, si consigue retener su título de campeona de la general de la Copa del Mundo. Además, el último Mundial celebrado en Val d¬Isère, Francia, le ha catapultado otra vez hasta los más alto tras conquistar las medalladas de oro en las categorías de descenso y de supergigante. Y todo ello por llevar a rajatabla que el trabajo duro siempre tiene su recompensa.