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RELIGIÓN

El Papa felicita el año nuevo con un mensaje de paz

Por Alejandra Linares-RivasTiempo de lectura2 min
Sociedad01-01-2006

El Papa comenzó su discurso con palabras de agradecimiento hacia sus antecesores, los Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, a los que denominó “inspirados artífices de paz”. Manifestó también su intención de seguir su noble enseñanza y la “firme voluntad” de la Santa Sede de seguir defendiendo la causa de la paz.

En la verdad, la paz, es el tema de reflexión elegido este año para la Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero. Por primera vez en su pontificado, Benedicto XVI enunció el mensaje que la Iglesia quiere en este curso litúrgico. Durante el mismo, hizo hincapié en que la paz no puede reducirse a la simple ausencia de conflictos armados. Por el contrario, debe entenderse como refleja la Constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Ecuménico Vaticano II: la paz es “el fruto de un orden asignado a la sociedad por su divino Fundador”, un orden “que los hombres, siempre sedientos de una justicia más perfecta, han de llevar a cabo”. Además de la adhesión al orden trascendente de la realidad, esto es, Dios, es necesario el respeto de la ley natural. Cuando esto se obstaculiza, se dificulta el desarrollo integral de la persona y se vulneran sus derechos fundamentales. Por tanto, para llegar a la consecución de la paz, Benedicto XVI ha aludido a palabras de San Agustín: la paz es la tranquilidad del orden, es decir, “la situación que permite respetar y realizar por completo la verdad del hombre”. El Papa explicó que hay factores que impiden la consecución de la paz, y el más importante, desde el cual radican todos los males, es la mentira. Porque las mentiras llevan a cometer actos erróneos, como el terrosismo. Benedicto XVI se refirió entonces al nihilismo, que niega la existencia de cualquier verdad, y al fundamentalismo que, en cambio, pretende imponerla por la fuerza. Ambos coinciden en un peligroso desprecio del hombre y de su vida y, en última instancia, de Dios mismo (“el fundamentalismo fanático desfigura su rostro benevolente y misericordioso, sustituyéndolo con ídolos hechos a su propia imagen”). Por otra parte, Ratzinger ratificó la confianza de la Iglesia en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pero exhortó una renovación institucional de la misma que la haga capaz de responder a las nuevas exigencias de la época actual. Así, la ONU podría llegar a ser “un instrumento cada vez más eficiente para promover los valores de la justicia, de la solidaridad y de la paz”. El Papa invitó a los fieles católicos a intensificar la oración, “porque la paz es ante todo don de Dios”, y a pedir la intercesión de la Virgen María.