SIN ESPINAS
En nombre de la libertad
Por Javier de la Rosa
3 min
Opinión13-09-2004
Buena parte de la sociedad española y europea aplaude, promociona, financia y encumbra la película Mar adentro y a sus autores. Creo que pocos dudarán del talento de Amenábar y Bardem y de la calidad técnica de esta cinta española. Pero más allá de la categoría formal, para juzgar una película hace falta atender al fondo. Teniendo en cuenta ambos supuestos, Mar adentro es una gran mentira excepcionalmente dirigida e interpretada. Tendenciosa y demagógica, llena de tópicos, sofismas y prejuicios “sentimentaloides”, llega a la falacia y a la mentira burda en alguno de sus pasajes. No sólo por su demostrada falsedad histórica sino por su pretendida argumentación intelectual. Su mayor mérito es el arte con el que manipula, que en una sociedad que razonara sería su mayor demérito. Esa es la mayor pretensión de Amenábar: que se juzgue un asunto tan controvertido desde la emotividad y la reacción sentimental y no desde la serena reflexión y el análisis profundo que merece. Es decir, decide según lo sientas y no como lo razones. A este método para condicionar la respuesta del espectador, cómo decimos, se le llama manipulación. La película es un ejemplo más de que el cine español ha optado definitivamente por convertirse en lobby de presión al poder político ante su incapacidad para crear algo digno que simplemente entretenga o permita el deleite puramente estético y artístico de los sufridos espectadores nacionales. Al recibir su premio, Bardem pidió que el cine luche contra las "instituciones políticas y religiosas que condenan al ser humano a no ser libre en sus derechos". Cada frasecita de este “erudito” de nuestro tiempo tiene miga, pero más allá de las contradicciones conceptuales, su expresión demuestra la confusión en la que viven inmersos estos adalides de la libertad, en nombre de la cual, tienen montado su chiringuito. Engañan a la gente encumbrando el derecho a la libertad por encima del de la propia vida. Lo que ellos defienden está tirado de defender y es profundamente insolidario. “Tú haz lo que te dé la gana, que a mi me importa un pimiento”. ¿Qué te apetece matarte? Pues mátate. Lo que de verdad demuestra un verdadero amor por tus semejantes es luchar para que esa persona recupere la esperanza, para mostrarle que -de verdad- su vida tiene un sentido. Que ésta es un don y que el sufrimiento es una oportunidad de crecer en el amor no sólo para el que sufre sino para el que camina a su lado. Cómo decía un gran amigo, no hay "muerte digna" sino “vida digna” y todo ser humano posee esa dignidad por el hecho de serlo. Ninguna circunstancia, situación ni persona puede arrebatársela y ni mucho menos es una indignidad estar postrado en una cama. Todo lo contrario, luchar contra esa adversidad tan grande es hacer gala de la naturaleza única del hombre en medio de la Creación. Los que derrochan tantos esfuerzos en nombre de la libertad, no creen que haya una verdad porque piensan que la verdad es relativa. Por eso, presentan la libertad como un valor absoluto y superior a la misma verdad de las cosas. Sin embargo, cómo dijo Jesucristo es sólo la Verdad la que nos hace libres.
