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ANÁLISIS DE LA SEMANA

El precio del desarrollo

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía12-09-2004

El sector naval español se está muriendo. Fabricar un barco en España es infinitamente más caro que construirlo en Corea. Para colmo, los propios navíos españoles portan en su interior piezas asiáticas. ¿Por qué son tan competitivos los orientales? No hay más que comparar varios aspectos empresariales. En primer lugar, el salario de los trabajadores. Suena a tópico, pero un empleado en nuestro país quiere el dinero suficiente que le permita mantener un cierto tren de vida: un coche, la gasolina para que funcione, una familia, la hipoteca del piso. Lo normal, sin pasarse. En cambio, a un trabajador coreano le basta con vivir, sin más pretensiones; con que le llegue para comer justito, ya se puede dar con un canto en los dientes. En segundo lugar, hay que examinar la protección estatal a este sector. España está sujeta a las directrices de la UE, lo que, si bien le aporta muchas cosas buenas, también le supone duros sacrificios. Si el Estado quiere proteger la actividad empresarial, ya puede hacerlo con mucho cuidado, porque la Comisión Europea vigilará muy estrechamente las ayudas que conceda. En cambio, Corea tiene ciertos privilegios por ser un país que está despegando…, y si no los tiene, pues se los coge, y santas pascuas. Si sumamos estos dos factores, aparece el último: la competitividad. ¿Qué empresa será más competitiva? ¿Una que necesita beneficios para poder pagar un salario digno a sus trabajadores pero, a la vez, deber observar rigurosamente las leyes? ¿O una que se puede permitir prácticas de dumping, con capacidad para inundar el mercado y ofertar sus productos por debajo del precio de coste? La respuesta es fácil. Y el problema de Izar se resume en ella. Ante esto, sólo cabe protestar y pedir que las leyes no ahoguen lo que las pésimas condiciones laborales y las prácticas mercantiles poco éticas están contribuyendo a destrozar. Los trabajadores de Izar están dispuestos. Si el sector naval agoniza, si muere en el intento, sabremos de quién es la culpa. Es el precio que hay que pagar por poder denominarse “país desarrollado”.

Fotografía de Gema Diego