ANÁLISIS DE LA SEMANA
Septiembre
Por Almudena Hernández
1 min
Sociedad31-08-2003
Este verano la poesía no ha podido surjir junto a las olas, con los pies mojados. Quizás el alma estaba empapada de tanto amor que no era posible que se adentrasen las musas en esas cavernas húmedas, tristonas y llorosas de los versos melancólicos. Muchas veces, para morir de poesía hay que estar herido de pena. Los viejos se mueren de tanta vida y los débiles, de tanta flaqueza. Desde el cielo, entre turbulencias aéreas, hay pájaros debilitados por el miedo. Tampoco pudo escribir la pluma del ave estival. Volaba demasiado alto. El paisaje, a vista de pájaro, cambió el azul por el verde, las nubes blancas por las grises, las montañas por las llanuras tostadas, éstas por las abrasadas, la quietud del campo por la inquietud de la ciudad. Si desde el suelo Marte es un punto rojo, desde el avión Madrid es un inquieto barullo de solares. Y en agosto, calor. Y el rencuentro en el asfalto caliente con una sonrisa tan necesitada como necesaria. En tierra firme, quedaron las vacaciones aparcadas hasta las siguientes, las de sal y espuma de ola en los pies. Se curó el alma, al brasero de la meteorología, y regresó el ave estival a las costas, pues quiso ser gaviota y perderse en los acantilados. Aprendió el pájaro que debe cuidar su cueva si quiere divisar paisajes multicolores e intentó curarse todas las enfermedades con fe, fe en todo, y sanarse con cabeza y nueve amaneceres seguidos. En su cruzada por las nubes el pájaro que se vistió de gaviota fue testigo también de naufragios de quienes quisieron que la tierra firme fuese también para ellos, aunque no les dejen. Este lunes ha amanecido septiembre, el noveno mes del año.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo