SIN CONCESIONES
Exceso de votos
Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión18-06-2001
¡Cómo han cambiado las cosas! Antes, era calculador, reflexivo y fiel a sus principios. Su meta era el bien común y su único instrumento, el trabajo. En cambio, ahora, parece preferir otras cosas. Trabaja como nadie para dar lo mejor a todos los españoles. Pero ha olvidado algunas cosas. Los ideales y los modales se perdieron por el camino. Y todo por una promesa: no presentarse a la reelección en los comicios generales del 2004. Juró estar ocho años en el Gobierno. Y no más. Así será. Es hombre de palabra. Prometió nombrar a un fiscal general de carrera y así fue. Aunque también prometió nombrar al director general de RTVE en el Congreso y lo eligió a dedo. No volverá a ser presidente... del Gobierno español, aunque sí le gustaría de la Unión Europea. José María Aznar López tiene otros objetivos. Posiblemente, fuera de la Península. Está obcecado con la política internacional. La española resulta pequeña para sus capacidades. Viaja a Oriente Próximo, visita a Vladímir Putin, recibe en Moncloa a George W. Bush... Así no extraña que hasta Izquierda Unida piense que Aznar quiere un puesto en la ONU, en la OTAN o en el Fondo Monetario Internacional. Claro que tampoco conviene hacer caso a las opiniones de IU, que está aún peor. Pero el recibimiento al presidente de Estados Unidos favorece las sospechas. Aznar ha dicho a todo que sí. A la ampliación de las bases militares norteamericanas en España, al escudo antimisiles republicano e incluso, con el silencio, a la pena de muerte. Tan sólo mostró con claridad su opinión sobre el Tratado de Kioto. Faltaría más. Bush justifica lo injustificable con nuevas amenazas inventadas. En realidad, Estados Unidos no tiene mayor amenaza que quien se sienta en el despacho de la Casa Blanca. Pero Aznar también asiente y apoya el escudo antimisiles. Quizá se trate de la nueva estrategia para acabar con ETA. Como si España tuviese alguna otra amenaza. O como si acaso fuese primera potencia mundial. Además, en caso de problemas, seguro que podría resolverlos la diplomacia de Aznar. Últimamente, él mismo se cree poderoso. Bromea con los periodistas en las ruedas de prensa e incluso se ríe de ellos. Se siente seguro. Pero, en el fondo, se le aprecia nervioso. Quiere controlar todo. Atar todo. Dominar todo y a todos... Curioso. ¡Cómo han cambiado las cosas! De ser reflexivo a impulsivo y los principios... ¿dónde quedaron los principios? Posiblemente, en los votos que dieron la mayoría absoluta. Porque el Aznar del 96 jamás hubiera apoyado el escudo antimisiles. Y el de las elecciones del 2000, tampoco.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito