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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Única, irrepetible e irremplazable

Fotografía Foto publicada en www.elmundo.es

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión10-06-2001

La cultura del consumo empuja a la cultura del cambio por el cambio. Al cambio de móvil y de coche -la única forma de perpetuar los beneficios de estas industrias-, al cambio de trabajo - Spencer Johnson, ¿Quién se ha llevado mi queso?- al cambio de mujer y hasta de vida -"redecora tu vida", Vicente Verdú, El País-. La ingeniosa Ikea -ingenio postmoderno: destructivo- nos dice cómo: "Ten un hijo, redecora tu vida". Pero ¿por qué no cambiarla entera?, en un futuro próximo, gracias a los clones. Entender la vida como artículo de cambio explica muchas animaladas actuales, muy de izquierda moderna políticamente correcta -aborto, eutanasia- y otras políticamente incorrectas, pero sujetas la misma antropología: pena de muerte, terrorismo de Estado. O la vida humana es un valor indiscutible o no lo es. Introducir matices en esta cuestión es como quitarle el bozal al perro: nunca sabes hasta dónde va a morder. Si aceptamos eliminar una vida por una causa, otros encontrarán nuevas justificaciones y nuevas causas: suelto el perro y comido el cordero ¿quién le impide morder al amo? El autorizado psiquiatra Víctor Frankl, superviviente de Auschwitz, pregunta a sus pacientes: "¿Por qué no se suicida usted?" Porque, como bien sabe, "quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo" (F. Nietzsche). Y todo ser humano tiene siempre un porqué, una razón, un sentido, una vocación, una misión que cumplir. Aunque, a veces, los pacientes de Frankl la olviden. La enfermedad del siglo XXI: la falta de sentido. Frankl recuerda a sus pacientes que toda vida humana es única, irrepetible y, sobre todo, IRREMPLAZABLE. Que nadie sino uno mismo puede cumplir su "leyenda personal", que diría Paulo Coelho. Por eso eliminar toda vida, cualquier vida -sea de un reo asesino o de un embrión-, es cometer una injusticia sin posible arreglo. Una mujer con sífilis y ocho hijos (tres sordos, dos ciegos y un retrasado mental) y embarazada tuvo la suerte de que no existieran los centros de planificación familiar (que aconsejan abortar en estos casos) y pudo parir a Beethoven. Un paciente de Frankl le contó cómo el doctor J -apodado "el asesino de masas de Steinhof" durante la II Guerra Mundial- fue el hombre que salvó la vida de muchos encarcelados en Lubianka, "el mejor amigo que yo [el paciente] encontré en mis años de prisión". Las personas cambian -y a veces descubren su misión- y sus conductas son impredecibles. Joaquín José no es un santo, pero el destino le ha regalado uno de esos "¿y si... no te hubieran ejecutado?" real. Haga lo que haga con su vida, sólo él puede hacerlo. Quiere combatir la pena de muerte desde España. Quizá ha descubierto su misión.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach