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SIN CONCESIONES

Segunda oportunidad

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura2 min
Opinión10-06-2001

"No soy un hombre bueno". Él mismo lo ha reconocido. Sus deslices amorosos durante el matrimonio lo confirman. Joaquín José Martínez no era una buena persona. Quizá por eso resultó tan fácil acusarle de asesinato y condenarlo a muerte. Quizá por eso su amante mintió y su mujer lo delató. Quizá por eso tampoco gustó al jurado del primer juicio. Ahora, está en España. Ha huido de Estados Unidos en cuanto ha pisado la calle. Ni siquiera quiso ver a sus hijas. Ni siquiera caminó a solas por las calles de Miami. Primero se escondió en el hotel junto a sus padres y, después, cruzó el charco en avión. Eso sí, en primera clase, a pesar de los más de cien millones que a su familia le ha costado el juicio. Joaquín José es ya un hombre libre. Sin embargo, su mujer insiste en que él cometió el asesinato. "En Tampa todos saben que eres culpable", dijo a Abc. Ya no importa. O sí. La verdad siempre está por encima de todas las cosas. Aunque, en este caso, sólo él y Dios saben realmente qué ocurrió aquella noche. Sea como fuere, para este hijo pródigo -pensarán algunos- los años de estancia en el corredor de la muerte son sólo una pesadilla. Joaquín José ha despertado de un fatal sueño. Acaba de empezar una nueva vida. Antes de salir de prisión, se quitó su traje naranja, lo tiró al suelo y lo pisó con ira. Era el punto y final a su pasado. El paso hacia adelante fue el comienzo de un futuro esperanzador. Ha adquirido un compromiso. Quiere luchar desde España contra la pena de muerte. Joaquín José piensa colaborar con una ONG para salvar a otras personas que hayan pasado por el mismo horror que él. Antes, tendrá que buscar un trabajo. Aunque no creo que tarde en lograrlo. Nunca antes en España se había hablado tanto de alguien como él. Nunca antes una sola persona se había convertido casi en un héroe nacional. Algo debe de tener Estados Unidos para que pueda convertir en héroes a villanos. Algo debe de faltarle también para condenar a muerte a inocentes. Joaquín José no era una buena persona. Él mismo lo ha reconocido. Pero la vida le ha dado una segunda oportunidad. Y parece que quiere aprovecharla.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito