ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Aquella ambulancia
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad28-02-2017
La vida, en forma de afluencia de tráfico de vehículos, marchaba agitada por una de las principales vías de la ciudad. Era domingo, uno de esos días en los que la luz solar va ganando su batalla al invierno, y la gente volvía a casa para emprender con ajetreo y pesadez la claustrofóbica inercia de los lunes. Y, de repente, una ráfaga de luz entre tanta melancolía: algo así como una ambulancia destartalada adelantaba por el carril izquierdo rumbo no se sabe dónde con sus destellos naranjas.
Aquel vehículo no era una de esas ucis móviles de última generación, más bien parecía una furgoneta modesta con una palabra mágica tatuada en la luna de atrás: "Trasplantes".
Leerla fue como imaginarse a Superman y a las decenas de héroes cabales que coordina desde hace un cuarto de siglo con su voz pausada y timidona Rafael Matesanz al frente de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT); y de cómo lloré hace años tras entrevistar para un reportaje a un señor de Murcia que vino a revisión a un hospital de Madrid; de quienes son capaces de tener un hijo que apenas sobrevivirá un suspiro para que sus órganos permitan vivir a otros pequeños; y de que aún hay un 15% de negativas familiares para permitir la donación de órganos, pese a los récords de la ONT.
Aquella ambulancia era vida, solidaridad, trabajo en equipo, excelencia, bondad... Como la de Pablo Ráez, el joven malagueño cuya historia se ha viralizado en Internet y que con su testimonio ha logrado multiplicar los donantes de médula. Pablo no vivirá para contarlo, pero seguro que su legado, apenas dos décadas de vida, supone tanta luz como aquella ambulancia destartalada cruzando a toda prisa la ciudad una tarde de domingo. Alguien estará agradecido porque haya llegado la claustrofóbica inercia de los lunes.
