ACHIQUE DE ESPACIOS
¿Qué tienen en común el Alavés y la FIFA?
Por Nacho García Barco
2 min
Deportes20-05-2001
Parece una pregunta de chiste, pero aparte del fútbol y de España, no tienen nada en común. Es el mundo al revés: el Alavés fue fiel a sí mismo, al trabajo bien hecho durante toda la temporada, aunque el Liverpool y la mala suerte le impidieron coronar con la UEFA sus méritos. Pero todos, absolutamente todos, le han reconocido el mérito de avivar la final más vibrante de los últimos tiempos y de recordar que a las finales también se puede llegar con todo por ganar, no sólo con algo que perder. Hasta la UEFA, la niñera del fútbol europeo, se quedó con las ganas de partir el caramelo del campeón por la mitad. Porque si el Alavés puso la nobleza, también es verdad que los hooligans se portaron en la primera final desde lo de Heysel, hace 17 largos años, pero que sigue vivo en la memoria. Venció el espectáculo, venció la fiesta de las aficiones: venció el fútbol. La FIFA, en cambio, necesita un fontanero que solucione con urgencia todas las vías de agua del Mundialito de clubes que ya no se jugará en España. No cuajó hace dos años, cuando se jugó en enero y en Brasil, ni cuajará en España por la especulación de la agencia suiza ISL, que posee (poseía) los derechos audiovisuales de los Mundiales, la gallina de oro del fútbol, en bancarrota y sin derechos por manirrotos. De paso la FIFA se queda con el culo al aire, con dos meses para revender los derechos de un Mundialito mal puesto en el calendario que no le interesa a nadie, ni siquiera a los clubes: Vicente del Bosque, con su habitual desparpajo, hurgó en las miserias fiferas de Joseph Blatter y le espetó que al menos el Madrid podrá hacer una pretemporada decente. Irureta pensará tres cuartos de lo mismo. Pero la vergüenza del trabajo mal hecho no se queda ahí: la crisis económica de algunos equipos que iban a participar (africanos y asiáticos, en particular) desvela los trapos sucios de los delirios de grandeza de algunos dirigentes, en lugar de trabajar por la promoción y el saneamiento del fútbol también en los países menos ricos. Gana el sentido común, pero pierde el fútbol.
