ROJO SOBRE GRIS
Que no se lo lleven
Por Amalia Casado
1 min
Opinión22-11-2009
Puedes pasar horas mirando a un recién nacido. No hace nada. Sólo come y duerme. De repente se mueve y frunce el ceño, como si fuese a llorar. Abre un ojo. Lo cierra. Abre los dos. Los cierra. Los recién nacidos sueñan. ¡Es tan pequeño un bebé! Pero lo tiene todo y es todo. Es un infinito, un infinito de valor. Te sale natural sentir que lo protegerías con tu vida aunque no haya dicho nunca nada, aunque no haya escrito nada, aunque no haya estudiado, ni trabajado, aunque todavía no diga mamá ni papá, aunque se haga caca y llore y no sepa explicarte por qué. Vi a mi suegro coger a su primer nieto por primera vez. Sintió paz, serenidad y calma. Los dos se llaman Javier. Era un momento irrepetible, el comienzo de algo nuevo y distinto a todo lo demás. Incomparable y hermoso. Le pregunté a mi cuñada Patricia cómo fue la primera vez que vio a su hijo. Se lo pusieron en el pecho nada más sacarlo de su vientre. Fueron sólo unos segundos. Cuando se lo retiraron para lavarlo, me contaba que pensó: ¡Que no se lo lleven! ¡Que me lo dejen un ratito más! Los recién nacidos sueñan. Tienen sueños plácidos y sueños tumultuosos. Ya hay cosas que les generan intranquilidad y otras que les sosiegan. Ya tienen miedo y también confianza. Distinguen lo bueno y lo malo de alguna manera. Qué misterio. Qué maravilla. Al pequeño Javier, rojo sobre gris: eres una nueva oportunidad para querer aún más.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo