ANÁLISIS DE ECONOMÍA
Campo en crisis permanente
Por Gema Diego
2 min
Economía21-11-2009
No es nuevo que los agricultores protesten, ni que se hallen en una situación precaria. De hecho, no creo que la crisis económica generalizada y mundial haya agravado demasiado sus dificultades. Algo de repercusión habrá tenido, pero no se puede ocultar que problemas como los exagerados diferenciales de precios entre el campo y la mesa, la excepcionalidad de las medidas de la Política Agraria Común (PAC), las inclemencias del tiempo, los ataques de animales salvajes o las enfermedades de los cultivos y del ganado están y seguirán ahí crisis mediante o no. Mejorar las condiciones de trabajo y la calidad de vida de los agricultores y ganaderos es cosa de todos, y lo primero que hay que hacer es dignificar esta profesión como medio de vida y como pieza esencial de nuestra existencia, que no en vano dicen que somos lo que comemos. El siguiente paso es ir directos a la raíz de los males: ¿se siembra o se cría aquello en lo que somos realmente competitivos? ¿Nuestros productos pueden pelear y ganar en el mercado en cantidad, o en calidad? Más bien en lo segundo. Entonces, hay que buscar la excelencia. Los métodos de trabajo del pasado no sirven: hay que incorporar las nuevas tecnologías, los avances en ciencia alimentaria y las técnicas de la publicidad y el marketing para sacar partido a la actividad agrícola. Los profesionales deberían ser conscientes de que la PAC no va a ser eterna, de que es una solución temporal de la UE tremendamente denostada por los organismos internacionales y por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y de que, en cuanto ésta sea retirada, paulatinamente o no, va a ser imposible competir con los países en desarrollo en ciertos ámbitos. Pensar con sentido de futuro será, pues, fundamental. Contra el resto (los lobos, las lluvias, las nieves, los topillos, la brucelosis, la lengua azul, la lagarta, la langosta y otras plagas y enfermedades), lo mejor será recurrir a un buen seguro y a unas administraciones responsables y verdaderamente implicadas en las peculiaridades del campo. Y, sobre todo, que estén dispuestas a acabar con la especulación que generan los intermediarios, ésa por la que el precio comercial del producto llega hasta las nubes mientras el profesional percibe una miseria. No basta con anecdóticos observatorios de precios: hay que legislar claramente sobre los márgenes de beneficios. Hasta que no se aborden cuestiones como éstas, la crisis del campo seguirá siendo endémica. Manifestaciones como la del pasado fin de semana sirven, sí, para hacer oír la voz de un campo en agonía. Pero que no deben limitarse a pedir ayudas circunstanciales: hay que ser valientes y, además de pedir, mostrar una gran voluntad de cambiar.
