Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ROJO SOBRE GRIS

Escapada con música

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura3 min
Opinión21-06-2009

Siempre hay música. Música ambulante -que tiene otro sabor-. Te sientas a comer y aparecen el de las rosas y el que canta o toca la guitarra. Primero uno, luego otro y así varios. Me gusta Roma por eso, porque puedes verla con banda sonora incorporada, y la música inspira una forma de mirar. Tomábamos un poco de pasta en una de esas terrazas miniaturas conquistadas al asfalto como los diques y pólder en Holanda le ganan terreno al mar. Se acercó tocando el acordeón y yo sentí que la música me sonaba familiar. Cerré los ojos para concentrarme mejor, para recorrer hacia atrás mi vida en busca del recuerdo. Entonces sonó perfecta la melodía en mi memoria: era la música de un pequeño joyero verde de mi madre. Con él habré tomado centenares de papillas en aquella época en que sólo comía porque se me quedaba la boca abierta embobada con alguna distracción. Y esa música la habré escuchado centenares de veces. En la parada de autobús, una mujer vestida de rojo –pantalón de chándal rojo, sudadera roja y hasta gorro de lana rojo-. Calza bailarinas de charol amarillas y calcetines blancos. Es pequeñita, como un duende, y tiene la tez muy morena; curtida, diría yo. Carga sobre su hombro un radio casete antiguo, de los de cinta, de los que hacen "¡click!" para rebobinar, para ponerse en marcha o para avanzar. Es de noche. Hay muchas personas en la parada del autobús, pero ella parece no vernos. Pone su oreja en el altavoz, y cuando suena la música la escuchan hasta los de la parada anterior. Suena la salve. Cuando termina, rebobina la cinta y vuelve a la carga. Creo que está muy sola, y pienso que esa salve se la cantaba su madre o su abuela cuando aún era pequeña. En la Piazza Navona, una pareja de recién casados se hace fotos. Él es escueto, breve, bajito y delgado; con el pelo un poco desaliñado para ser el día de su boda. Es europeo. Ella luce una melena larga y negra; y es china. Les hacen fotos con un mimo disfrazado de vaquero que se confunde con la farola en la que se apoya. Unas niñas les gritan a sus madres: "¡Una novia, una novia!". Poco antes se dedicaban a tirar por entre los adoquines, como pequeñas pulgarcitas, las pastillas de sacarina de un frasquito con dosificador. Después las recogían, y el juego consistía en eso: esparcir las pastillas y recogerlas después. A lo lejos se oyen aplausos y una gran ovación. Por lo visto, quien conoce Roma conoce a este hombre que congrega alrededor de su espectáculo a cientos de personas que van a felicitarle cuando acaba el show. Es malabarista, payaso, actor, músico... Y de fondo, una mujer que canta. Quizás prefiere coger su guitarra y sus partituras para ganarse un dinerito al final del día en vez de ver la televisión. Suena Hey Jude, de los Beattles. Por cierto: veo a muchas adolescentes de la mano de sus padres. Me gusta. ¿Qué verán si nos miran a nosotros? No sé si será la música, o es que Roma, si se lee bien, dice amor. Rojo sobre gris a las escapadas de fin de semana. Y si son con música, mejor.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo