ANÁLISIS DE DEPORTES
Pensar en el bien común
Por Alejandro G. Nieto
3 min
Deportes21-06-2009
Lo decía hasta Pedro Martínez de la Rosa en la retransmisión del Gran Premio de Gran Bretaña: “Qué triste es ver a los dos mejores pilotos del Mundial peleando por la décimo cuarta posición”. La Fórmula 1 atraviesa uno de los peores años de su historia. Y lo más duro es que puede ser el último. Los equipos han decidido coger el toro por los cuernos y, ante la negativa de la Federación a renunciar a unos límites presupuestarios que condenaría a muchas escuderías a la desaparición, han resuelto anunciar un campeonato alternativo al que organiza la FIA. No se trata de un simple capricho. A la mayoría de los equipos punteros les resulta imposible adaptarse a unas limitaciones presupuestarias que la FIA se ha empeñado en implantar para recortar costes. Y escuderías como Ferrari, McLaren o Renault no están dispuestas a que el hecho de no acatar esos límites monetarios les acarreen desventajas dentro de las pistas. Así, el planteamiento que realizan desde la asociación de equipos (FOTA) es totalmente comprensible: o la FIA recula o se organiza un campeonato alternativo. Con todo, Max Mosley, Bernie Ecclestone y compañía se cierran en banda y aseguran que el único objetivo de los equipos es adueñarse de los derechos de explotación de la Fórmula 1. Incluso han llevado a los tribunales a la FOTA por querer desvincularse de su mundial y crear uno paralelo. Pero toda esa palabrería sólo servirá para alargar más un conflicto del que sólo ellos tienen la llave. Desde luego, con esa retórica vacía sólo se convencen a ellos mismos. El buen aficionado a la F1 debe estar del lado de los equipos, pues está sufriendo en sus carnes lo que supone que ciertas escuderías jueguen con ventaja. Desde que, justo al comienzo de la temporada, se dio el visto bueno a los difusores de Brawn GP, Toyota y Williams, el Mundial ha quedado decidido y ha perdido todo el interés. Sin haber alcanzado la mitad del campeonato, el título está prácticamente resuelto y eso se resiente en el atractivo que ejerce la competición. Y esto se puede aguantar una temporada, pero sería peligroso prolongarlo. Otro año más en esta situación podría suponer el hundimiento de la Fórmula 1. Mosley y compañía se aferran a la necesidad de reducir costes para defender su idea del límite presupuestario. Pero si la principal fuente de ingresos es la venta de derechos de retransmisión y explotación, deberían preocuparse más por que esos derechos sigan teniendo un precio alto. Desde luego, la actual Fórmula 1 no vale los cien millones de euros que LaSexta pagó por ella. Y llevar a los equipos a los tribunales va a solucionar bastante poco. La FIA debería hacer examen de conciencia y sentarse a negociar con las escuderías pensando en qué es mejor para su deporte. Mientras sigan pensando sólo en su bolsillo, van dados.
