ANÁLISIS DE SOCIEDAD
De muermos y estrechas
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad21-06-2009
Hay mujeres que lo tienen todo: una carrera, una familia, un negocio y un bonito hogar. ¡Y cuánta envidia causan! Lo han tenido todo: de pequeñas fueron las gafotas, las empollonas y las gorditas de la clase. Más aún: en el instituto no llevaron ropa de marca ni se enrollaron con un chaval cada día. Tampoco hicieron pellas para fumar a escondidas y emborracharse porque sí, o porque querían aparentar una igualdad inigualable... Curiosamente, sobrevivieron sin todo ello. Y, para más inri, aún perduran. Tienen un nombre: "muermos" y "estrechas" y por eso están al margen de la sociedad, fuera de lo que no pocos dicen que debe ser la gente normal. Atención pregunta (retórica): ¿Quién no se ha emborrachado alguna vez? Esas chicas que lo tienen todo y alguna cosa más sufrieron algo que entonces no estaba definido como acoso y que ahora se llama y se denuncia como mobbing. Jugaron con las muñecas hasta sobrepasar la mayoría de edad y disfrutaban de sus paseos con los abuelos y la costura con las mujeres. Lo tenían todo. También ellas pasaron por la edad del pavo y, por supuesto, forraron sus carpetas con fotografías de chicos de cine y se enamoraron en secreto de aquel otro adolescente con el que compartieron pupitre. Fueron el hazmerreír del resto. También lloraron y lo pasaron mal. Sintieron incomprensión. Pero estaban seguras de que hacían lo correcto sin que apenas nadie les regañase. Quizás por eso sus padres nunca las castigaron. No podían presumir ante sus hormonales iguales de su último ligue o de la bronca paterna por haber llegado borracho a las tantas. No habían vivido tales “experiencias”, pero tampoco se inventaban batallitas similares para ser admitidas en la pandilla. Lo tenían todo, los principios, los valores, la madurez, pero, también es verdad: se quedaron solas. Hay personas que, a pesar de todo ello, aún las tienen envidia. Es triste. No se dan cuenta: mientras los demás vagueaban en el parque, ellas aprendían mecanografía o estudiaban inglés; cuando el resto se colaba en la discoteca, ellas escuchaban la radio, contaban estrellas y escribían poesía; a la vez que la pandilla insultaba y perseguía por la calle a otras gorditas gafotas, ellas hacían ganchillo en el patio, escuchando historias de los más mayores, o leían un libro tras otro. Y ¿saben lo peor de todo? Que aún así, todo aquello resultaba divertido, enriquecedor y magnífico. Además, todo aquello no producía resaca ni necesitaba del despilfarro de la paga semanal. En efecto, los jóvenes también fuimos, somos y seremos de otra manera. Sólo hay que saber afrontarlo con dignidad. Evidentemente les llamarán "muermos" o "estrechas". Mucho ánimo a quien se atreva. Se puede vivir de otra manera. Merece la pena.
Seguir a @AlmudenaHPerez

Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo