ANÁLISIS DE DEPORTES
El eterno dilema de los Juegos
Por Alejandro G. Nieto
3 min
Deportes22-02-2009
Abunda entre la comunidad olímpica la sana vocación de amateurismo y humildad sobre la que se fundamentó el nacimiento de los Juegos modernos. Desde el Comité Olímpico Internacional y los altos círculos que lo rodean siempre se ha mirado con recelo el profesionalismo, se ha abogado por hacer virar al Olimpismo hacia el compromiso social y la educación y por predicar con el ejemplo a través de la reducción de costes y el impulso de iniciativas ecológicas y solidarias. De ese sistema de principios siempre se ha desprendido la idea, hasta hora imposible de materializar, de acabar con el gigantismo de los Juegos Olímpicos. Es decir, de convertir lo que ahora es un evento enormemente masificado y con unos costes estratosféricos en algo más acorde con los ideales que predican. Por ello, reducir el número de deportes que componen el programa olímpico ha sido siempre uno de los principales retos planteados por los dirigentes. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que los intereses por los que se mueve el deporte de élite, y en especial los Juegos Olímpicos, tienen más fuerza que los propósitos de los mandatarios, por muy nobles que sean. Un claro ejemplo de ello fue el hecho de elegir Londres en lugar de Madrid como sede de los Juegos de 2012, cuando el proyecto de los británicos suponía un coste notoriamente muy superior al de la capital española, que se había preocupado por plantar la primera semilla en esa tarea de lograr unos Juegos más modestos y menos monetizados. La última noticia salida del departamento de prensa del COI delata, una vez más, la falsedad de los dirigentes, encabezada por el presidente Jacques Rogge. Ni reducción de costes ni de deportes. Todo es barata charlatanería para pretender hacer creer que el espíritu olímpico es algo que realmente les importa. En 2016 habrá, al menos, dos deportes más. Pretendían aumentar el programa ya en Londres, pero el cerrado sistema de votaciones de la Asamblea Olímpica permitió tirar para atrás al kárate y al squash. Ese detalle ya se ha solventado (ahora basta con que se apruebe la aceptación de los deportes por mayoría simple) y dos disciplinas más tienen vía libre para los Juegos de 2016. Ya que contra la hipocresía del COI no se puede hacer gran cosa, ahora toca plantearse qué deportes deberían introducirse y cuáles respetan mejor los ideales olímpicos. Los candidatos son el sóftbol y el béisbol (dos que se cayeron del programa para Londres por su escasa extensión a nivel mundial el primero y en el Reino Unido el segundo), el rugby (aunque en la modalidad de a siete), el patinaje, el kárate, el golf y el squash. Puestos a ser consecuentes, un servidor se queda con el rugby, deporte de caballeros donde los haya, y el kárate, el que menos costes plantearía (se solucionaría así, además, el eterno dilema de por qué judo y taekwondo son olímpicos y el kárate, tercera arte marcial por excelencia, no lo es). En cualquier caso, las respectivas federaciones internacionales están moviendo muchos hilos para ser que su deporte sea el elegido. Con la importancia que tienen los amiguismos en la comunidad olímpica, cualquier cosa puede suceder.
