SIN CONCESIONES
El cazador cazado
Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión22-02-2009
De Mariano Fernández Bermejo está todo dicho. Pero no por ello hay que quedarse callado. Al contrario, resulta una ofensa que aún permanezca en el cargo de ministro de inJusticia. Lo justo sería que hubiera dimitido el mismo día que admitió haber participado en una cacería sin tener licencia para ello. Cualquier político debe dar ejemplo de buen comportamiento y rectitud al obrar. En el caso de un ministro, aún más. No importa que sea un desliz o una simple adversidad. Un político que se salta una norma escrita debe pedir disculpas en público, pagar la multa correspondiente y asumir responsabilidades. En el caso de Bermejo, eso no basta. Él es ministro, pero no un ministro cualquiera. Mariano Fernández Bermejo está al frente de la cartera de Justicia y, como tal, es el encargado de velar por el correcto cumplimiento de las leyes. Pero él se las salta. Bermejo llegó al Gobierno de Zapatero como el encargado de reformar la Justicia española. Sin embargo, va a marcharse con el mundo judicial en pie de guerra por sus desplantes, sus malas formas, sus reproches innecesarios, su habitual soberbia y esos aires de superioridad que le llevan a mirar a los demás por encima del hombro. Bermejo es así, para lo bueno y lo malo. Los periodistas le apreciamos porque nunca defrauda en sus declaraciones. Cuando abre la boca, suelta puñales hacia el adversario. Como decimos en la jerga periodística, da titulares. Pero los plumillas también solemos ser víctimas de su incontinencia verbal. Cuando una compañera le preguntó la semana pasada cuánto le había costado su cacería del domingo con el juez Baltasar Garzón, respondió: "Nada, fue un descaste. ¿Sabe usted lo que es eso?". Unos meses atrás, cuando le lancé una inocente pregunta frente a frente, Bermejo también trató de dejarme en ridículo: "Usted es demasiado joven para saberlo". El ministro es de esos que se creen permanentemente en posesión de la verdad y miran a los demás como si fuéramos auténticos idiotas. No lo somos, pero él debe de pensar que sí. Excepto al magistrado Baltasar Garzón, Bermejo maltrata a los jueces hasta el punto de que le han atacado con una huelga generalizada en toda España. Por primera vez en la democracia, los jueces han dejado de trabajar un solo día para protestar ante los abusos de un ministro que tiene buenas ideas para mejorar la Justicia pero que no sabe transmitirlas ni ejecutarlas. No conviene olvidar que Bermejo es un fiscal metido ahora a ministro gracias a los favores que en otro tiempo hizo al socialismo. Durante años presumió de comunista y antifranquista, pero ahora que ha tocado poder se comporta con la misma arrogancia y tiranía que los mandatarios de la dictadura. Tanto es así que una cacería al estilo del antiguo régimen se ha convertido en su tumba política. Que un ministro cace sin licencia es como que el ministro del Interior conduzca sin carnet. Que un ministro socialista cace en una finca propiedad del Estado es un abuso de la autoridad. Que un ministro gaste miles de euros en sus monterías en plena crisis económica es un exceso intolerable y una burla a los más de tres millones de parados. Al final, Bermejo fue a cazar con su amigo Baltasar Garzón y resulta que fue al ministro a quien cazaron. Sólo falta disecarle y colgar su cabeza en lo alto de la chimenea, como él haría con sus trofeos cinegéticos.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito