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SIN ESPINAS

¿Quién nos protegió del hombre?

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura3 min
Opinión17-09-2001

Eran dos grandes estructuras de acero capaces de soportar el azote del viento a más de 160 kilómetros por hora. Extremadamente seguras ante eventuales movimientos de tierra, con los mejores sistemas antiincendios para sofocar todo tipo de fuego y el primer lugar al que cualquiera se hubiera subido en caso de una inundación en la Gran Manzana. Es decir, casi invulnerables ante el aire, la tierra, el fuego y el agua. Pero de papel aluminio frente al quinto elemento: el hombre. Su destrucción trajo inseguridad, el cambio de siglo, un nuevo orden mundial, el ataque a la civilización, la nueva lucha de David contra Goliat, el paso de la Guerra Fría a la Guerra Invisible, la Guerra de los Pobres, la duda sobre el progreso verdadero frente a la involución, el gran golpe al capitalismo, la barbarie del fundamentalismo y la indecisión ante el terrorismo y sus colaboradores: justicia, venganza. Por lo menos esas eran todas las cosas que vaticinaban los más avezados analistas mundiales. Pero una partida presupuestaria de 40.000 millones de dólares del Congreso estadounidense para hacer la guerra interrumpió sus disquisiciones. El cambio de siglo se produjo con la llegada final del efecto 2000 por vía aérea y no digital como esperaban. El nuevo orden mundial se vistió de una tensa bipolaridad: terrorismo contra democracia; o como insinuó el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell: civilización contra quien quiera que fuera el resto del mundo. Alguien más acertado señaló: "Esto ha sido un ataque contra la humanidad". Los que apuntaron que se trataba de una nueva lucha de David contra Goliat vieron que con los miles de cadáveres sepultados entre las ruinas y la sordera producida por las explosiones nadie escuchó los ecos de una onda tan macabra. Por su parte, la guerra de los pobres evidenció la paradoja de un mundo global en el que el hambre llegó a alimentar algo: EL ODIO. También se produjo un tremendo golpe al capitalismo: otra clase de feroz fundamentalismo que hacía el recuento de las pérdidas en Bolsa cuando no tenía hecho el de las víctimas. O que el mismo día de los atentados subió el precio por una noche de hotel en Nueva York de 10.000 a 30.000 pesetas. Era la ley de la oferta y la demanda ¿Eso no fue integrismo hostelero? Que se lo pregunten a las miles de personas atrapadas en Manhattan por el cierre de los aeropuertos. Frente al terrorismo, la venganza hacia los pueblos y culturas se confundió con la justicia por las víctimas inocentes que murieron en los atentados; y el rearme armamentístico superó al rearme moral que necesitaba una civilización occidental ahogada ya en su sectarismo endogámico. La venganza llegó, sí, pero fue como limpiar un cristal sucio sólo por un lado. La civilización occidental había construido sus principios fundamentales a costa de que la otra mitad del mundo ni los soñara. Se olvidaron de edificar una Estatua de la Responsabilidad frente a la Estatua de la Libertad. Y tan descreída fue, que desapareció pensando siempre que lo inimaginable no existía. Pues existía; la clase de hombre fanático, cruel, despiadado y capaz de despreciar su propia vida y la de los demás, existía. Esa fue la histórica pesadilla del hombre que durmió tras el 11-9-2001. Y al caerse de la cama entre sudores y espasmos gritó: ¿Quién nos protegió del hombre?

Fotografía de Javier de la Rosa