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El nombre de Argentina

Por Ana Romero VicenteTiempo de lectura2 min
Economía19-05-2003

Cuando el general Perón es elegido Presidente de la República argentina, se lleva a cabo un fuerte intervencionismo estatal. Y aunque a finales de los años 40 se registra pleno empleo, pronto empiezan a despuntar problemas: el Sector Público ha gastado demasiado, ahorrado poco y cada vez ingresa menos: los industriales argentinos sucumben a la tentación que supone Estados Unidos y desvían su dinero y negocios allí. La inflación empieza ha crecer sin parar.

Tras la candidatura de Menem sube De la Rúa al poder. Los argentinos desconfían entonces más que nunca: prevén que van a seguir siendo marionetas en manos de este nuevo político. La deuda externa contraída por Argentina con organismos internacionales se acumula (132 mil millones de dólares): el Tesoro apenas tiene dinero para devolverla. La convulsión social no se deja esperar y la imposición del corralito fue la mecha con la que ardió todo. La gente comienza a emigrary las caceroladas en forma de protesta provocaron la dimisión de De la Rúa y todo su Gabinete. La situación era tan delicada que en diez días se sucedieron cinco presidentes. Destaca la corta presidencia de Alfonso Rodríguez Saá que declara la suspensión de la deuda. Finalmente asume el cargo presidencial Eduardo Duhalde. En la calle todo se torna más violento: no se puede comprar porque los precios llegaron a incrementar hasta un 37 por ciento y ahora se empieza a pasar hambre. A morir de hambre. Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) exige a Duhalde devolver su dinero al Banco Mundial. Las relaciones cada vez son más complicadas entre ambos, pero el FMI acaba transigiendo un poco. Eso sí, esto le costó a Argentina y a los argentinos ver como sus ahorros, en dólares, se pesificaban, reduciéndose casi a la mitad: el cambio de 1dólar=1peso ya se había ido al traste con la devaluación de la moneda. El corralito se abre un año después de su imposición. Unos meses más tarde Duhalde permite la apertura del corralón. Ante esto, la gente ha actuado con cautela pero sin pánico, por lo que no ha habido fuga masiva de capitales. El 2003 lo comenzó el Gobierno de Argentina con una declaración de intenciones. Pero ejecutarlas no ha sido tan sencillo porque el FMI no le pasa ni una y porque el propio sistema judicial de su país empieza a pedirle cuentas. Pero esto, a partir de ahora, ya no será asunto de Duhalde, sino del nuevo presidente, Néstor Kirchner.