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El régimen iraquí se desmorona sin dejar rastro de sus principales dirigentes

Por Vicente García GandíaTiempo de lectura3 min
Internacional13-04-2003

A algunos las dudas sobre el paradero de Sadam y sus socios les recuerdan a Bin Laden y el mulá Omar. Nada se sabe de ellos a pesar de los continuos rumores y las especulaciones de uno y otro bando. Desde la incertidumbre se ha asegurado que el dictador podía estar en Siria, en la embajada rusa de Bagdad, en su ciudad natal, Tikrit, o en un búnker destrozado por los bombardeos en el centro de la capital. Su régimen se ha desmoronado pero nadie sabe ni siquiera si está vivo. La busca y captura al más puro estilo de las películas del oeste está en marcha.

Rumsfeld daba por terminado el régimen del mandatario iraquí de forma tajante: "Sadam Husein comparte ahora un sitio en la historia con Hitler, Stalin, Lenin, Ceacescu, en el panteón de los dictadores brutales caídos". Y es que a falta de que se confirmen las numerosas especulaciones sobre el paradero de Sadam y sus más fieles seguidores, si hay algo seguro es el vacío de poder en Iraq y el fin de la dictadura. La semana pasada, tras la toma de Bagdad, se especuló bastante sobre la suerte que habrían corrido los principales responsables del partido Baaz. No faltaron versiones al respecto. Mientras que algunos aseguraban que habían pedido asilo político en Siria, desde el principal partido de la oposición, el Congreso Nacional Iraquí (CNI), se sostenía la tesis de que, al igual que Sadam, se encontraban refugiados en la región de Tikrit, cuna que vio nacer al viejo dictador. Según el portavoz de este grupo, Ahmed Agha al Chalabi, "se han dirigido hacia las montañas de Hamrien y la región de Tikrit", donde "tienen búnkers y armas escondidas". En cualquier caso, la caída de Bagdad marcó el inicio de una importante campaña para localizar a los principales responsables del régimen vivos o muertos. En palabras del general Vincent Brooks, "se ha establecido un sistema de recompensas apropiadas por cualquier información que conduzca a la captura de los principales responsables". El estado de Sadam fue motivo de debate y en este caso también se sucedieron distintas versiones al respecto; mientras que el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld aseguraba que "puede que esté muerto o incapacitado, o puede estar sano y salvo escondido en un túnel para que no lo encuentren"; los servicios de inteligencia británicos daban por hecho que sobrevivió al ataque contra un edificio de Bagdad en el que al parecer estaban el dictador y sus hijos; el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, aseguraba que Sadam podría encontrarse en la embajada rusa en Bagdad; el general Wafiq Samerai, ex jefe de los servicios de Información Militar de Iraq, apostaba por que Husein habría muerto en los bombardeos sobre Bagdad; y Al Yazira informaba de la posibilidad de que el dictador hubiese negociado con la CIA su exilio y el final de su régimen. El debate, más allá de las especulaciones, se abría en otro campo. EE.UU. anunciaba su intención de enjuiciar a los líderes iraquíes pero no en el Tribunal Internacional sino en el seno del ámbito judicial iraquí, una vez reconstruido. Con este objetivo, la Administración estadounidense ha empezado ya a seleccionar y a formar a juristas iraquíes en el exilio para que trabajen de manera conjunta con letrados de dentro en esta tarea. Para el Departamento de Estado de Bush la clave está en garantizar todo un proceso en el que el pueblo iraquí se implique de lleno y que lleve implícito el nacimiento de unas instituciones democráticas. Frente a esta propuesta, los partidarios de que todo el caso sea instruido por una corte internacional argumentan que los crímenes de la dictadura iraquí no pueden ser juzgados por la vía penal ordinaria. En este sentido, legisladores republicanos y demócratas han presentado otro proyecto alternativo para que efectivamente sea un tribunal internacional el que juzgue todos los crímenes de guerra cometidos en Iraq.