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Guinea, Camerún, Angola, México y Chile en el punto de mira

Por Vicente García GandíaTiempo de lectura2 min
Internacional16-03-2003

La crisis del Consejo de Seguridad parece no tener fin, o al menos el fin que debiera tener. Mientras que se constata día a día que, de momento, no puede salir adelante una segunda resolución, los bloques permanecen inmóviles a pesar de las negociaciones. De un lado, España, Reino Unido, Estados Unidos y Bulgaria tienen ya cargados los rifles; del otro, Rusia, China, Francia, Alemania y Siria apuestan por dar más tiempo a los inspectores y al final de la sala, seis países que vagan entre todas las posibles posturas que se pueden tomar.

La semana pasada pudo ser decisiva para Sadam y su régimen. Ante la disparidad de opiniones en el Consejo de Seguridad, se abrieron dos focos fundamentales en los que las negociaciones diplomáticas, las reuniones a puerta cerrada y las llamadas de teléfono fueron fundamentales. Por un lado, la gira de Dominique de Villepin por África para persuadir a Angola, Camerún y Guinea Conakry (los dos últimos, antiguas colonias) de que éste no es el momento ni la forma de empezar una guerra y por otro, los contactos de la Administración Bush con México y Chile para llevarlos a su terreno. En efecto, la semana pasada, el ministro francés de Exteriores comenzaba un viaje de "extrema urgencia" por el continente africano para conseguir algún apoyo a su iniciativa de celebrar una Cumbre de jefes de Estado y Gobierno en la ONU. El presidente de Francia, Jacques Chirac, pretendía que los jefes de Angola, Camerún y Guinea, entre otros, le acompañasen a Nueva York para acabar de alguna manera con el proyecto de segunda resolución del bloque aliado. Pero Villepin no consiguió ensimismar a los indecisos africanos. Sólo pudo entrevistarse con los altos dirigentes de Angola y Camerún porque el presidente guineano, Lansana Conté, lleva casi un mes en un hospital marroquí. Mientras tanto, al otro lado del charco, en México y Chile se jugaba una baza diplomática importante. Los dos países latinoamericanos presentes en el Consejo de Seguridad habían barajado hasta el momento con la posibilidad de otorgar otros 45 días al régimen iraquí para demostrar sus esfuerzos por desarmarse; 45 como término medio entre los escasos días que Washington está dispuesto a esperar, las tres semanas que España podría ceder y los meses por los que aboga el jefe de los inspectores, Hans Blix. En este sentido, el presidente chileno, Ricardo Lagos, negaba la semana pasada que su país ya se hubiese unido a la belicista coalición estadounidense. "No, no está definido el voto. Estamos todavía trabajando" porque "Chile aún cree que hay espacios para el diálogo y no es necesario llegar a acciones de fuerza", aseguraba Lagos en rueda de prensa. El rumor sobre el posible apoyo chileno a EE.UU. aparecía el jueves pasado en un artículo del The Washington Post que apostaba por un acuerdo no oficial por el momento entre Bush y los líderes de Chile y México. Las conversaciones entre el texano y Lagos se habían producido aunque sin los resultados esperados por Washington. Y la información aparecía en un contexto delicado para ambos países: la entrada de Chile en el Tratado de Libre Comercio (TLC) el pasado mes de diciembre y que todavía no cuenta con la validación de las cámaras de las dos naciones.