EE.UU. y la UE, dos economías maltrechas cara a cara
Por Raquel González
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Economía10-11-2002
Comparar la economía europea y la estadounidense no es tan difícil en estos momentos. Ambas adolecen de los mismos males. Una desaceleración galopante se ha adueñado de sus economías. Los datos macroeconómicos desvelan que se ha entrado en una etapa pre recesiva en la que continúa habiendo crecimiento pero muy por debajo de los límites esperados. Distintos organismos lo habían avisado ya.
Los toques de atención han sido continuos, ya que las previsiones de las dos economías eran demasiado optimistas para lo que podían dar de sí en realidad. El Producto Interior Bruto (PIB) en la UE ha aumentado tan solo un 0,4 por ciento durante el segundo trimestre del año, en EE.UU. ese mismo indicador ha aumentado un 0,3 por ciento durante el mismo periodo de tiempo. Ambas son cifras extremadamente bajas, sobre todo porque las expectativas de las previsiones económicas que cada país hace a principios de año apuntaban bastante más alto. Algunas de las causas que han provocado esta situación son las mismas a los dos lados del océano. La inestabilidad política es una de esas razones. La crisis abierta con Irak y la posible futura guerra es una de las causas, el alto precio del petróleo es otra de las causas que propician la inestabilidad, al igual que los descalabros sufridos por los distintos mercados bursátiles. Aparte de estas razones que podríamos calificar como comunes a las dos economías, existen otras intrínsecas a cada economía. En EE.UU., desde los atentados del 11-S, nada ha vuelto a ser igual y mucho menos en la economía. Muchas empresas jamás han recuperado sus cifras y los despidos desde entonces se han multiplicado. Cuando tan sólo había pasado un mes desde el atentado, 5.000 personas ya habían perdido su puesto de trabajo. Un año después, en octubre del 2002, los despedidos habían aumentado hasta los 415.000, convirtiendo la actual tasa de paro de EE.UU. en la peor desde hace 20 años. Las empresas de telecomunicaciones e informática han sido las más perjudicadas, con un 34 por ciento de los recortes. Con los despidos, lo que más se ha resentido ha sido la confianza de los consumidores, algo que en EE.UU. representa dos tercios de la renta nacional. Además de los despidos, los reiterados fraudes de distintas empresas también han ayudado al empeoramiento de la pérdida de confianza del consumidor. En Europa, las particularidades de la situación económica pasan por otros derroteros. Se trata, sobre todo, de la descoordinación que parece existir entre las distintas economías que forman la UE. Alemania, la economía más desarrollada de toda la Unión, está pasando por una complicada etapa. El crecimiento de su economía es lento y, según los analistas, sin su recuperación, la evolución de la economía de la UE se hace muy difícil. Francia también ha demostrado estar pasándolo mal y las dos juntas han protestado en numerosas ocasiones contra el Pacto de Estabilidad, ya que tal y como andan los números, se ven incapaces de cumplir con el ansiado déficit cero en los plazos predeterminados. Así las cosas, se podría decir que ambas economías andan más igualadas que nunca, al menos coyunturalmente. El único que parece sacar provecho de la debilidad económica de EE.UU. es el euro, que de nuevo ha vuelto a sobrepasar al dólar en su cotización.