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PRINCESA DE ASTURIAS

Nuria Espert: una vida sobre las tablas del teatro

Por Rita CasdeloTiempo de lectura2 min
Espectáculos25-10-2016

La emoción conquistó la noche del viernes los Premios Princesa de Asturias gracias a Nuria Espert. La actriz, que con 81 años sigue subiéndose a las tablas, recitó a Lorca y Shakespeare como si se tratase de una obra teatral. Su intervención consiguió callar y emocionar al público allí presente que aguantaba las lágrimas mientras interpretaba los fragmentos de Doña Rosita la soltera Rei Lear.

Durante ocho minutos, la catalana agradeció el reconocimiento, que lo compartió con “todos los compañeros de mi bellísima profesión, el teatro”. Espert se subió al escenario por primera vez con solo 13 años, y poco a poco, lo que empezó como una afición se convirtió en su trabajo: “El teatro me eligió”, afirmó en su discurso. 

Para la institución, este premio se entrega por ser “una de las personalidades más sobresalientes y prolíficas del panorama interpretativo, trascendiendo todos los géneros escénico”. Espert ha trabajado en teatro, ópera y cine, aunque lo primero ocupa gran parte de su trayectoria. Las obras clásicas como Romeo y Julieta, Yerma o La vida es sueño, han sido habituales.

Sus ganas por aspirar a más la llevaron en los años 80 a abandonar temporalmente la interpretación para volcarse en la dirección escénica, alcanzando un gran éxito con La casa de Bernarda Alba en Londres, por el que obtuvo el Premio del Círculo de Críticos de Teatro de Londres a la Mejor Dirección. Pero en sus venas corre sangre de actriz y en 1990, tras cinco años de ausencia, volvió a subirse al escenario con la obra Maquillaje.

Actualmente interpreta la obra del libanés Wadji Mouawad en el madrileño teatro La Abadía. Incendios, que así se llama esta tragedia, ha vendido todas las entradas y ha obligado  a los productores a ampliar las fechas en el mismo teatro pero en 2017. 

El Premio Princesa de Asturias llega en un gran momento para la actriz, ya que la edad parece no ser un impedimento para disfrutar. Es el último gran reconocimiento que le faltaba, que ya recibió el Premio Nacional de Teatro en 1986, el Premio Max a toda una vida en 2006 o la Medalla de Oro del Gran Teatro del Liceo en 2010, entre otros. Una vida dedicada al teatro que ella trató de agradecer con un canto a la esperanza interpretando un fragmento de Doña Rosita la soltera, de Lorca.

Lee el discurso íntegro.