Música
Dreambeach, un festival de electrónica y desenfreno
Por Almudena Fuentes
2 min
Cultura12-08-2014
El pasado fin de semana se celebró en Villaricos la segunda edición del festival de música electrónica Dreambeach. Este año ha contado con una gran lista de artistas de gran fama internacional, consiguiendo con ello, aumentar notablemente el número de asistentes a la “macrofiesta”.
La asistencia de gente aumentó aproximadamente en unas 20.000 personas más que el año anterior y los cabezas de cartel fueron los encargados de dar un poco de espectáculo a la monotonía acústica que se respiraba en el recinto. Las actuaciones se dividieron entre cuatro carpas situadas dentro del recinto en las que se repartieron los diferentes horarios de los diferentes artistas que actuaron. A pesar de ello la organización fue un tanto desequilibrada y desconcertante. Entre as apuestas más fuertes de este año destacan Jeff MIlls, Carl Cox, Adam Beyer, Ritchie Hawtin, Óscar Mulero, Armin, Zomboy, Krewella, o Snoop Dog. La dj Maya Jane Coles, canceló su actuación poco tiempo antes de tener que salir al escenario, para desgracia de sus fans. La marca de la electrónica fue impuesta por Hawtin, Jeff Mills, Paco Osuna, Óscar Mulero, Borgore, Carl Cox y Armin Van Bureen. Este último no consiguió el recibimiento que se esperaba por parte del público, ya sea por que suponía el cierre del festival, o por que actuaba el ultimo día hasta las nueve de la mañana, literalmente “Hasta que salga el sol”. Los cuerpos humanos necesitan alguna que otra pausa. Snoop Dogg y I Am Legion, dejaron una huella rapera en todo ese barullo, pero lamentablemente el público no era muy de ese estilo. La actuación de Carl Cox en principio iba a durar tres horas. Finalmente la carpa fue desalojada una hora antes de lo esperado ya que la policía mandó desalojar el recinto debido a la dureza de los horarios de los equipos de limpieza. Culpa también de la mala organización. Por otro lado, Krewella era uno de los grupos más esperados, anunciadas como “su única actuación en festivales españoles”, cuando en un principio se dijo que sería su única actuación es España. Esto provocó la locura de la gente que quiso verlas provocando una avalancha que acabó con la paciencia de las primeras filas, provocando peleas y haciendo que muchas personas, pidieran ayuda sanitaria y como urgencia, pedir a la seguridad que les sacaran de aquel continuo aplastamiento. En cuanto al alojamiento ofrecido en el camping se encontraba a varios kilómetros andando por una larga carretera continuamente transitada por ambulancias, autobuses y coches de policía. El acceso a la zona del camping era completamente un infierno y la organización de este también. Los accesos y salidas al festival hubieran sido un desastre en caso de tener que desalojar el recinto. Vayas colocadas por todas partes, que impedían el paso en cualquiera de las direcciones. En resumen, el festival fue un éxito en cuando a asistentes y actuaciones pero la organización dejó demasiado que desear. Por no destacar las continuas intervenciones sanitarias y ofertas que se recibían en el exterior de venta de drogas.