ELECCIÓN PAPA
La elección del nuevo Papa, marcada por los signos y detalles
Por Selene Pisabarro
3 min
Sociedad13-03-2013
No ha sido coincidencia: la fumata blanca, en la quinta votación del cónclave tras la renuncia de Benedicto XVI, se ha producido a las siete horas de la tarde, pasados siete minutos; el reloj se ha parado en un número bíblico. El pontificado de Francisco ha comenzado cargado de simbología y el proceso de su elección nos ha dejado algunas curiosidades.
El mundo se ha detenido por un momento, expectante ante la elección del sucesor del ministerio de San Pedro. Al igual que con los dos últimos, Juan Pablo II y Benedicto XVI, no ha sido hasta el segundo día de votación cuando ha salido humo blanco de la chimenea del Vaticano. Con una lluvia incesante y la plaza de San Pedro a rebosar de gente, a las 19:07 horas se hacía oficial para que, una hora más tarde, el cardenal protodiácono, Jean-Louis Tauran, anunciase el “Habemus Papam” tan esperado. Minutos más tarde, salía al balcón Jorge Mario Bergoglio al que, a partir de ahora, se le conocerá como Su Santidad el Papa Francisco. Normalmente, el pontífice electo escoge su nombre en torno a tres criterios: en homenaje a uno de sus antecesores, a un santo de su devoción o puede inclinarse por la versión latinizada de su propio nombre. En este caso, rinde honor a San Francisco de Asís porque supone un símbolo para guiar su camino hacia la humildad y pobreza y a San Francisco Javier, uno de los fundadores de los Jesuitas, congregación a la que Bergoglio pertenece. Volviendo la vista hacia la historia, el 12 de marzo del año 417 fallecía el Papa San Inocencio I y, en el 604, el Papa Gregorio Magno. Sin embargo, ese mismo día pero del 2013, no solo se cumplían 74 años de la coronación del Papa Pío XII, sino que comenzaba el proceso para elegir al nuevo pontífice que continuará el camino de Benedicto XVI. Un mes antes, el 11 de febrero, Joseph Ratzinger anunció que dejaba su pontificado debido a su edad y por motivos de salud, que le impedían entregarse en cuerpo y alma. Se declaró vacante la Sede de la institución y comenzó un periodo llamado Congregaciones Generales, en las que se discute el estado y los problemas a los que se debe enfrentar la Iglesia y cómo deberá solventarlos el próximo papa. Hasta ese mismo momento, el secreto sobre la elección del nuevo pontífice ha sido absoluto y, durante el cónclave, se ha prohibido que los cardenales tengan cualquier tipo de contacto con el exterior. Tras una misa que inicia el proceso, la Capilla Sixtina se ha cerrado con llave, de ahí la palabra “cónclave”, para que un total de 115 cardenales menores de 80 años ejerzan su derecho a voto. Para escoger el nuevo cargo, han sido necesarias dos fumatas negras; una en la tarde de ayer y otra hoy por la mañana, que significan que no ha habido un consenso ya que para ello son necesarios, al menos, dos tercios de los votos, es decir, 77. Mientras tanto, Benedicto XVI ha estado pendiente en todo momento de la televisión desde Castel Gandolfo, donde reside desde el pasado 28 de febrero, cuando se hizo efectiva su renuncia al papado. Se prevé que se traslade al convento Mater Ecclesiae en el Vaticano, que aún está reformándose. Antes de retirarse de la vida pública, anunció que se dedicará a la oración desde que se levante hasta que se vaya a dormir y la Misa será el centro de su día a día. Ha recibido, además, la llamada telefónica del nuevo Papa electo y el Twitter oficial del Sumo Pontífice (@pontifex) ha reanudado la actividad con su nuevo propietario y el tuit que le aclamaba al argentino Bergoglio como Papa. Las redes sociales han jugado un papel muy importante durante este acontecimiento, seguido a nivel mundial por diferentes vías. Además de los medios tradicionales, como viene sucediendo, la red social Twitter ha echado humo desde que los cardenales se encerraran para votar y, en especial, durante las fumatas y el tiempo de espera hasta conocer el nombre del nuevo Papa. Este ha sido el primer cónclave en el que el Vaticano ha anunciado la fumata blanca en una red social y con un mensaje en mayúsculas que no precisaba más explicaciones: "HABEMUS PAPAM".