Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

GRECIA

La precariedad de los jóvenes, germen de la confrontación en el país

Por LaSemana.esTiempo de lectura1 min
Internacional14-12-2008

Resulta complicado entender los porqués de la huelga general convocada en Grecia la pasada semana y que ha terminado con graves disturbios a lo largo y ancho del país si se tienen en cuenta los datos macroeconómicos de la última década. Y es que en los últimos diez años el crecimiento económico siempre ha estado por encima del cuatro por ciento anual y el paro se ha reducido del 12 al 7,6 por ciento actual. Sin embargo, tras los logros helénicos, la situación de los jóvenes es cada vez más delicada.

Diversos analistas griegos coinciden en que los últimos episodios de combatividad contra el Estado tienen su germen en la situación precaria de millones de jóvenes griegos. Y es que su situación laboral está entre las más precarias de la UE. Mientras en España la aparición de la generación de los mileuristas ha suscitado no pocas quejas a los sucesivos gobiernos, en Grecia los trabajadores jóvenes reciben el apodo de la generación de los 700 euros. Una generación que, pese a su ridículo salario, podría sentirse afortunada si se tiene en cuenta que el paro juvenil en el país es del 22,9 por ciento, el peor dato de toda la UE. Una de las principales causas de la situación de los jóvenes en Grecia está detrás del rígido sistema universitario. Un sistema que no facilita la transición al mundo laboral y que además registra una cifra preocupante en cuanto al número de licenciados: sólo dos por cada centenar de veinteañeros. Además de la precariedad social, los jóvenes griegos acusan cierto abandono de la Administración, que si bien las partidas de los presupuestos generales destinadas a sanidad y pensiones son de las mejores de la UE, el gasto público universitario está a la cola en el Viejo Continente. Si a las dificultades de la juventud, un rango de edad por naturaleza más conflictivo que cualquier otro, se le añaden una inflación que no para de crecer en el marco de una crisis económica mundial (a pesar de que el sistema bancario griego apenas ha sufrido la caída de las subprime) el resultado es un cóctel tan agitado como el que invadió las calles del país la pasada semana.