FÚTBOL
Los modestos cuestionan la supremacía de los grandes en la Copa
Por Álvaro Heralta
3 min
Deportes16-11-2008
“En la vida no hay nada imposible”. Esta frase, aunque suene a tópico, es la única que puede explicar alguno de los sorprendentes resultados de la última ronda de la Copa del Rey. El torneo del K.O. ha vuelto a resurgir con la misma fuerza que ya lo hiciera a principios de la década con las eliminatorias a partido único tras las gestas del Real Unión de Irún y el Polideportivo Ejido. Dos conjuntos de Segunda B que han dejado fuera de la competición a dos transatlánticos acostumbrados a jugar en Europa como el Real Madrid y Villarreal.
Corría el minuto 88 en el Santiago Bernabéu, el Real Madrid ganaba por cuatro a dos al Real Unión de Irún y estaba clasificado para los octavos de final de la Copa del Rey. Sin embargo, un minuto después, Eneko Romo batió con un testarazo a Jerzy Dudek y posibilitó que el conjunto vasco accediera a la siguiente ronda gracias al valor doble de los goles logrados en campo contrario. El tanto supuso la eliminación del actual campeón de Liga –con un presupuesto cercano a los 400 millones de euros- a manos de una escuadra de Segunda B. Los irundarras, con su éxito en Chamartín, reverdecieron la gloria de un equipo que, desde que saboreara las mieles del éxito a principios del siglo XX con tres títulos de Copa –dos de ellas ganadas al Madrid-, lleva 44 años alternando entre la Tercera División y la Segunda B. Otra de las gestas de la jornada la protagonizó el Polideportivo Ejido. Los almerienses, de la categoría de bronce, dejaron fuera de la competición al Villarreal, una escuadra considerada como un ejemplo a seguir por su brillante modelo de gestión que les ha llevado en pocos años de ser un conjunto de los considerados modestos a codearse con los grandes de España y Europa. Su presupuesto, además, supera los 80 millones de euros. Este triunfo ha permitido al técnico de los celestes, Lucas Cazorla, alcanzar la celebridad que no pudo lograr tras su exitoso paso como director deportivo del Llaneli de la Primera División galesa, que pasó prácticamente desapercibido en España. Un caso parecido es el de su delantero Jorge Molina, quien está considerado como un héroe para la afición del Poli tras anotar cuatro goles al Submarino Amarillo en el global de la eliminatoria. El ariete, además, finaliza contrato el 30 de junio y, gracias a su gran actuación, varios conjuntos ya le tienen en su agenda para la campaña que viene. Más incluso que los que se interesaron por él a finales de la 06/07, año en el que se proclamó pichichi de la Segunda División B con el Benidorm. Estos últimos, precisamente, también estuvieron a punto de dar la campanada ante el Barcelona, uno de los equipos más en forma de la actualidad. Los alicantinos, tras caer por cero a uno en la ida, hicieron sufrir a los culés en el Camp Nou, donde los locales les volvieron a ganar por la mínima en un agónico partido. El Orihuela fue otro de las escuadras de la categoría de bronce que puso el nudo en la garganta a la hinchada de un equipo de Primera División. El Vicente Calderón no respiró tranquilo hasta que el árbitro decretó el final del encuentro entre el Atlético de Madrid y los valencianos, que obtuvieron un meritorio empate en el feudo colchonero, aunque pudieron haber sacado mucho mayor partido de su visita a la capital de no ser por la providencial actuación en la portería rojiblanca de Gregory Coupet. Estos resultados sirven para revitalizar una competición que, desde que perdió el sistema de eliminatorias ha partido único en campo del equipo de inferior categoría, había dejado de interesar a los aficionados. Las sorpresas que dieron conjuntos como el Toledo o el Novelda eliminando a Real Madrid y Barcelona, respectivamente, a principios de la década hicieron que los equipos modestos -muchos de ellos acuciados por las deudas- se olvidaran de sus penurias deportivas y económicas y coparan las portadas de todos los medios por un día. Las victorias de equipos como el Real Unión o el Polideportivo Ejido han posibilitado que los pequeños vuelvan a creer que también pueden ser grandes.