PAKISTÁN
La dimisión de Musharraf, el fin del ‘mal menor’ en Pakistán
Por J. F. Lamata Molina
4 min
Internacional31-08-2008
El mandato de Pervez Musharraf en Pakistán terminó finalmente de una manera pacífica con la dimisión del dictador tras casi diez años de mandato. Tras abandonar primero la Jefatura de las Fuerzas Armadas, el general Musharraf cedió su poder al Parlamento a condición de que se suspendieran los procesos en su contra. Los partidos políticos vuelven a tener la oportunidad que ya desperdiciaron en dos ocasiones, todo, frente a la peligrosa sombra del fanatismo islámico.
El "mal menor" es la frase que más ha acompañado a Pervez Musharraf, el general que luchó codo con codo con Osama bin Laden frente a las tropas de la Unión Soviética durante la primera guerra de Afganistán. Tanto su llegada al poder mediante golpe de Estado el 12 de octubre de 1999 –que acabó con el destartalado sistema político de los Sharif y los Bhutto– como la disolución del Parlamento y su autoproclamación como presidente el 20 de junio de 2001 no pudieron ser peor recibidas por Estados Unidos y Europa. Pakistán, país donde el islamismo es hegemónico (95 por ciento de practicantes) aparecía como non grato en la lista norteamericana, donde el país estaba acusado de ayudar al gobierno talibán de Afganistán, hasta el punto de que los disidentes afganos en el exilio llegaban a definir a los talibanes como "partisanos paquistaníes". Y, ciertamente, Pakistán era el único país en todo el planeta que mantenía relaciones diplomáticas con el Afganistán talibán, el país cuna terrorista que Tony Kushner definió en su célebre obra como "lo más parecido al infierno en la tierra". El aliado clave La situación cambió aquel 11-S de 2001, cuando todo el mundo pudo observar indignado a través de la CNN cómo un gran grupo de paquistaníes salía a la calle a celebrar y aplaudir la masacre de las Torres Gemelas con 3.025 muertos. El dictador Pervez Musharraf sabía muy bien en la encrucijada en la que se encontraba, Bush lo había dicho claramente el mismo 11 de septiembre: "no habrá distinciones entre los terroristas y quienes los protegen", tenía que optar. Pervez Musharraf compareció finalmente: "A veces hay que optar por el mal menor, debemos salvarnos contra la destrucción". No había marcha atrás, Musharraf se convertía así en el máximo aliado de Estados Unidos y Occidente en su "guerra contra el terrorismo". Información, servicios de inteligencia, utilización del espacio aéreo, asistencia logística... La ayuda del régimen de Pervez Musharraf no fue en vano, no sólo en la guerra contra Afganistán, fue la Policía paquistaní la que detuvo a importantes terroristas, entre ellos los coordinadores del 11-S Ramzi Binalshibh y Jaled Shaik Mohamed y el coordinador de la matanza de los atentados de 1998 en Kenia y Tanzania, Ahmed Khalfan (todos ellos en Guantánamo). Con aquella actuación, Pervez Musharraf asumía el hecho de que su vida estará amenazada para el resto de su vida, el propio Bin Laden en uno de sus vídeos le definió como "apóstata pagado por América". Musharraf ha sufrido diversos atentados, los más brutales fueron el 14 y el 25 de diciembre de 2003 en el que murieron 17 personas. Los enemigos internos La gran ayuda de la dictadura de Musharraf en la guerra contra el terrorismo facilitó que la Administración Bush ayudara al general a mantenerse en el poder bajo el mismo argumento que él usaba para apoyarles a ellos, el de "el mal menor" ante la posibilidad de una insurrección islamista en Pakistán. Musharraf no se cortó a la hora de usar la violencia contra las bases integristas paquistaníes "o rendición o muerte" les dijo a los ultras de la Mezquita Roja, 100 de ellos perdieron la vida durante el asalto por parte del Ejército. Pero Musharraf no sólo se enfrentó a los islamistas, los titubeos de persecución contra los líderes políticos fueron constantes, con proclamaciones temporales de Ley Marcial y gestos teatreros como la expulsión de Sharif del país poco después de que entrara. A lo que se añade que algunos consideren que fueron sus partidarios los que asesinaron a Benazir Bhutto. Además sus desesperados intentos por perpetuarse en el poder le llevaron a enfrentarse radicalmente con la cúpula judicial paquistaní con el juez Chaudhry a la cabeza, que le acusaba de violar sistemáticamente la Constitución, lo que le llevó a destituciones arbitrarias. El abogado de Chaudhry advirtió a los americanos: "Se están equivocando al apoyar a una persona que ya no es popular entre los ciudadanos". Al iniciarse el proceso del impeachment, Estados Unidos volvió a intervenir para convencer a su aliado de que tirara la toalla. Se acaba así el "mal menor", vuelve la democracia con los de siempre: los Sharif y los Bhutto, eso sí, bajo la tutela del Ejército del general Kayani, a quien algunos ven como el nuevo interlocutor ante EE.UU.