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TOROS

Jerez despide a Álvaro Domecq y Díez

Por Almudena HernándezTiempo de lectura1 min
Espectáculos09-10-2005

Tres días de luto oficial. Así respondió Jerez de la Frontera a la noticia del fallecimiento de Álvaro Domecq y Díez, ganadero y rejoneador, y bodeguero de estirpe, que nació en esta localidad gaditana hace 88 años. Esa tierra que le vio crecer entre bodegas y caballos le despide ahora con respeto y tristeza.

Del mismo modo le recuerda una gran parte de la afición a los toros. Su pasión por los toros llevó a Álvaro Domecq a subirse al caballo. Debutó como rejoneador en Santander. Corrían los años treinta. Luego llegó la Guerra Civil Española, el fallecimiento de su padre -su madre murió cuando era niño- y Álvaro se dedicó a las bodegas familiares. Por entonces llegó también a tomar contacto con una de sus mayores aficiones, la de volar, pues fue llamado a filas en el Ejército del Aire. Tras la Guerra volvió a los ruedos. Álvaro Domecq hizo el paseíllo con las figuras del momento: Pepe Luis Vázquez, Domingo Ortega, Pepe y Antonio Bienvenida y Manuel Rodríguez Manolete, el amigo a quien vio morir en Linares, en 1947. Dos temporadas más tarde, en el mismo coso donde se apagó la vida del Monstruo, Álvaro Domecq se retiró de los ruedos para dedicarse al ganado y a la política. En su biografía destaca la alcaldía de Jerez y la presidencia de la Diputación Provincial de Cádiz. También fue procurador en las Cortes. Los toristas le han criticado por ser uno de los introductores del "afeitado", en su peculiar afán por defender la vertiente más artística del toreo. Con ese mismo objetivo, ha buscado diseñar genéticamente el toro de lidia más propicio para ello, como hizo con su ganadería Torrestrella. Álvaro Domecq y Díez también se atrevió con la literatura. Es autor de artículos de prensa y del libro El toro bravo. En su larga vida ha recogido numerosas condecoraciones, que con su reciente muerte no se verán acompañadas por otras en las vitrinas de su finca jerezana.