EE.UU.
Bush informa de 10 atentados frustrados
Por Miguel Martorell
2 min
Internacional09-10-2005
La actuación del Gobierno estadounidense en Afganistán e Iraq y su mejorable respuesta durante los dos últimos desastres naturales han pasado factura política a su presidente, George W. Bush. Con sus índices de popularidad bajo mínimos, el presidente informó de diez ataques de Al Qaeda frustrados desde el 11-S, recordando así su cruzada contra el terrorismo islámico.
"Nunca daremos marcha atrás, nunca cederemos y nunca aceptaremos menos que una victoria completa". Esa seguirá siendo la política de la Administración Bush frente a "una ideología con un claro objetivo, el de esclavizar naciones e intimidar a todo el mundo" y crear "un imperio radical islámico que se expanda desde España hasta Indonesia". El presidente, en un discurso ante la Fundación Nacional para la Democracia en Washington, trató de justificar sus actuaciones en Afganistán e Iraq, los principales motivos de descontento de la población estadounidense. Según aseguró, su persistencia en estos países ha permitido que se eviten hasta diez atentados de Al Qaeda, tres de ellos en EE.UU. Un día después, la ciudad de Nueva York, gobernada por el republicano Michael Bloomberg, quedaba colapsada durante unas horas por amenaza de bomba. Al parecer, las autoridades locales recibieron una alerta desde el Gobierno federal, aunque funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional filtraron que tenía "dudosa credibilidad". El reaparecer de la cruzada contra el terror en los discursos de Bush podría responder a la crisis de popularidad en la que está inmerso, pues, además de Iraq y Afganistán, le están pasando factura los últimos huracanes que asolaron el país. De hecho, el presidente ha llegado a pedir al Congreso "incluso mayores reducciones de gasto" para sufragar los daños causados por Katrina y Rita. Aún así, la Administración precisó que los recortes deberían llevarse a cabo "sin afectar a los gastos de seguridad del país". Mientras, el Senado decidió rebajar en 7.000 millones de dólares la inyección económica que Bush demandó para Iraq y Afganistán, reduciéndola a 50.000 millones. Además, en ese mismo Proyecto de Ley, los senadores estadounidenses incluyeron una enmienda con la que se pretende regular el trato a los extranjeros detenidos en la lucha antiterrorista. En ella se propone que se establezcan unas normas de interrogatorio y se prohíba el tratamiento degradante a prisioneros bajo custodia militar para evitar escándalos como el de Abu Ghraib o Guantánamo.