CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR
Esperanza es lo último que se gana

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión26-05-2003
Estas elecciones han sido apasionantes. Lo enseñan los datos de participación, los más altos que uno recuerda. Lo más importante no eran los sillones en juego, sino descubrir la medida de nuestra madurez democrática. La campaña del Prestige, la manipulación de la guerra de Irak y la aparición de la plataforma de pseudointelectuales y sobreintolerantes Cultura Contra la Guerra nos robaron la esperanza a quienes pensábamos que España era un país donde uno puede expresar sus ideas sin que le dicten sus palabras de renuncia, sin que apedreen las sedes del partido que gobierna con mayoría absoluta, etc, etc, etc. Llamazares, Zapatero y los medios de comunicación serviles han puesto toda la demagogia y fuerza en juego y han tratado de convertir estas municipales y autonómicas en un referéndum sobre la guerra y sobre la gestión de Aznar en general. El presidente del Gobierno no supo o no quiso zafarse y la campaña se convirtió en combate de mentiras y exageraciones propias de un clima de guerra civil. Pero llegó el 25 M y la gente que se manifiesta y, sobre todo, la que no va a las manis de fiesta, votaron. La demagogia del Plan Hidrológico Nacional que apelaba al egoísmo aragonés pudo más que la demagogia que apelaba a la inmoralidad e ilegalidad de una guerra que nos pillaba demasiado lejos. A caballo entre una y otra, Nunca Mais dio más rédito al nacionalismo rancio del BNG que a un PSOE inconsciente, ambicioso y menos moral que inteligente. Aún así, después de todo, todo ha sido nada, y cada cambio responde más a cuestiones municipales y autonómicas que a ese falseado plebiscito nacional. El pueblo aleccionó a sus políticos. Al filo de la media noche, recuperaba la esperanza. Esperanza, en esta ocasión, es lo último que se gana. Escaño arriba o abajo, la candidata popular a la Comunidad de Madrid se acercó a la mayoría absoluta, pues la mitad más uno es la única posibilidad que tiene el PP de formar parte de la política en su comunidad. Llamazares y Fausto, sin llegar a un 10 por ciento de los votos, se condecoraban por expulsar a la derecha intolerante de la Comunidad y poder representar a todos los ciudadanos, y Zapatero diseccionaba al pueblo desenterrando el frentismo de las dos Españas: gobernados por socialistas y gobernados por populares. Al otro lado, el compañero de Esperanza, con más del 50 por ciento de los votos, aplaudía a sus rivales, les tendía una mano para trabajar juntos y prometía gobernar para todos y servir a todos, a quienes le votaton y a los que no. Sonó a verdadera política, y yo, quizá porque otros la mantuvieron, pude recuperarla al final: a veces, la Esperanza es lo último que se gana.






