EL CONTRAPUNTO
ETA ya vino, ¿y los demás?
Por Juan Emilio Maíllo
2 min
Opinión15-07-2001
ETA ha iniciado su particular campaña de verano. Al igual que hizo el pasado año, viene dispuesta a convertir julio y agosto en una temporada de sangre, terror, violencia injustificable, crímenes execrables. Pero el caso es que lo que haga ETA me trae sin cuidado desde el momento en que nada puedo hacer por convencer a un terrorista de que deje de matar, de que la violencia no conduce a nada. Sus iniciativas como tales, sus intentos de matar no podemos pararlos, pero sí podemos impedir que esa tentativa se convierta en hecho. Que el deseo se convierta en atentado. Que las ganas de matar se transformen en muerte. Para eso hace falta que tengamos una policía eficiente, una guardia civil que tenga todos los medios necesarios para acabar con ETA, una Ertzaintza que reciba las órdenes indicadas para luchar contra el terrorismo más evidente, más público, más activo, el callejero. Y con tres cuerpos de seguridad responsables de que los asesinos no maten, y matan, nos encontramos con que sólo se puede criticar a la Ertzaintza, o más concretamente al consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, como máximo responsable de este cuerpo. Estamos en un país en que criticar ciertas cosas está mal visto, pero me da igual. ETA ha atentado varias veces en los últimos meses en Madrid, con muchos muertos encima de la mesa. Pues hasta el pasado martes el ministro del Interior, Mariano Rajoy, no nos explicó su sospecha de que ETA tiene un comando estable en Madrid. Gracias pero, ya lo sabíamos. Qué hacen las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado por acabar con ETA. Me dirán ustedes que todo lo que pueden. Sí. Pero, ¿podrían hacer algo más? También. Mucho. Podrían tener más efectivos. Podrían tener gente más especializada en la lucha contra el terrorismo. Podrían evitar que 45 minutos después del aviso de la explosión de un coche bomba un agente sin protección estuviera a 20 metros de dicho coche. Para evitar todo eso sólo hace falta una cosa. Dinero, más dinero. Más inversión en lo que según las encuestas más preocupa a los españoles. Por lo tanto, menos solidaridad con el Gobierno, que los muertos nos duelen igual a todos, y vamos a exigirle responsabilidades. Como ciudadano madrileño, como ciudadano español, exijo al Gobierno que garantice el bien más preciado. La vida. Pero también la seguridad. Cueste lo que cueste. Porque cualquier dinero será poco para salvar una vida.