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ANÁLISIS DE LA SEMANA

Cultura política

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía18-05-2003

El aire de renovación se cuela enrarecido por las ventanas de Argentina. Las elecciones que iban a traer al país sudamericano la estabilidad y las soluciones anheladas por toda la población desde que se desató la crisis en diciembre del 2001 han acabado trayendo desilusión y, de nuevo, una conformidad política increíble dentro de uno de los pueblos más instruidos del planeta. Nestor Kirchner, peronista, se ha quedado con unos votos que no le apoyan. No le apoyan porque, primero, ni siquiera se han llegado a emitir, y segundo, porque no eran votos a su favor, sino contra Menem. El que fuera gobernador de la Patagonia, delfín de Eduardo Duhalde, asumirá su cargo el 25 de mayo con tan sólo el consentimiento declarado del 20 por ciento de la población. La mala educación de Menem y sus intenciones de incordiar en el futuro empañarán un programa voluntarioso que, seguramente, terminará sucumbiendo a los dictados del Fondo Monetario Internacional. Contra la conformidad, los franceses están dando muestras de todo lo contrario y de poseer, a diferencia de los argentinos, una cultura política firme y asentada. Las movilizaciones sindicales ya han comenzado a erosionar la convicción de Raffarin para llevar a cabo su reforma de las pensiones. Pero a veces no basta con tener cultura política. Por ejemplo, a la hora de esquivar los efectos menos inmediatos de la guerra de Iraq. El crecimiento de la zona euro se ha resentido en el primer trimestre, a pesar de la corta duración del conflicto, y Alemania, la locomotora de la UE, ha entrado en recesión. No hace falta, pues, marcharse hasta la Patagonia para encontrar preocupaciones. Ni para demostrar la educación política: para eso tendremos una buena oportunidad dentro de muy pocos días.

Fotografía de Gema Diego