POSGUERRA
Las restricciones sobre el petróleo iraquí acrecientan la tensión internacional
Por Alejandra Redondo
2 min
Economía19-04-2003
Hay quien defiende el más inmediato levantamiento de las sanciones que pesan sobre Iraq, y quien no. Intereses para todos los gustos. Así, el gran líder habla. Una vez alcanzada la victoria en una de las más reconocidas y al mismo tiempo criticadas guerras contra el terrorismo, el gigante mundial americano aboga por la más inmediata reducción de sanciones que pesa sobre el mercado de Oriente.
Por su parte, Francia, que últimamente parece unirse también al carro de la reconstrucción, confía en las Naciones Unidas a la hora de decidir el premiso de libre comercio del oro negro iraquí. La ausencia de armas de destrucción masiva vuelve a ser, una vez más, objeto de discusión y conflicto, al tiempo que se ejerce como requisito incuestionable para acceder al ansiado libre comercio. La tensión crece, y los precios del crudo también. La jornada se definió con una subida más que notoria, centrada en un cuatro por ciento por barril y traducida en 25,85 dólares. "El levantamiento de las sanciones a Iraq sería visto como una violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y afectaría a la unidad y autoridad de este organismo". No todos opinan lo mismo. Así lo evidencia esta firme indicación por parte de miembros de la cúpula rusa, en contraposición a las intenciones francesas que se ciñen al fin de las actuales restricciones una vez la situación se normalice. La calma es, entonces, sabia condición y fundamental punto para realizar un buen trabajo y recibir así la satisfacción del esfuerzo invertido en una nación ahora sin ley. Es destacable el hecho de que, de cumplirse los procedimientos establecidos por la ONU, la reanudación de las exportaciones petrolíferas de Iraq se demoraría varios meses, tiempo vital, por ejemplo, para Rusia, que precisa negociar el estado de sus contratos con las petroleras del país. Se trataría, en todo caso, de exportaciones de aproximadamente dos tercios de los niveles previos a la guerra, 2,5 millones de barriles diarios. Si se tiene en cuenta, por otra parte, la actual situación vivida por las economías mundiales, se evidencia un más que considerable descenso de la demanda y consiguiente posibilidad de descenso de los precios del crudo. Así, los altos mandatarios tienen ahora en sus manos la posibilidad de formar parte, o no, del gran comercio petrolífero.