SIN ESPINAS
Las dos caras de la mentira
Por Javier de la Rosa
2 min
Opinión02-12-2002
Pasquines, folletos o papeluchos son tres sinónimos oportunos para definir a los históricos líbelos. Esos escritos en los que se denigraba y vertían infamias sobre personas y cosas. Aquellos impresos hoy se hacen llamar periódicos, porque su única verdad reside en que, efectivamente, llegan a nuestras manos, nuestro intelecto y nuestra sensibilidad con periodicidad. Vamos con el que miente desde la primera frase que imprime cada día. El País: “Diario independiente de la mañana”. Hasta el que independientemente de lo que diga El Mundo miente con el criterio de uno solo: Pedro J. Con las televisiones y las radios ocurre lo mismo. O mejor dicho, pasa. CNN Plus: “Está pasando, lo estás viendo”. “Si pasa, está en la SER”. O la última e innovadora campaña de los informativos de la televisión que nos sale más cara: “La vida pasa en TVE”. Y claro que pasa... por un colador que la deja más raquítica que una vaca de Etiopía. Otrora quedaron mensajes más refinados. No por finos, sino porque pasaban por una escrupulosa refinería: “Así son las cosas y así se las hemos contado”. ¿Cómo de así? Así o asá. ¡Ah! Así. Ya entiendo, señor consejero delegado. La pluralidad informativa es buena. En principio, debería engendrar variedad, diversidad de interpretaciones y una multiplicidad de puntos de vista que terminaran enriqueciendo al receptor. La visión de esa vida que pasa. El problema es que, hoy día, tal diversidad se presenta por defecto y como consecuencia de la lucha entre empresas informativas rivales. Empresas que, a su vez, están al servicio de intereses político-económicos varios. Resultado: todos mienten descaradamente. Y que yo sepa, dos mentiras gordas como un piano no hacen una verdad. La sensación desde dentro -como profesional- y desde fuera -como ciudadano- es que todos los medios nos contaminan. Nos engañan, no nos dan todas las claves para entender el asunto, la controversia, el dilema que nos han planteado sin que, además, se lo hubiéramos pedido. Mejor ni entremos en la creación, dirección y desviación del debate público. Por ello, creo que es necesaria la diversidad interna, la controversia y el enconamiento de posturas dentro del propio medio de comunicación. Y no periodistas que desarrollen el lícito editorial de cada día. Ni a la hora de opinar ni a la hora de hacer información. Lo sé, presentar esta seudoutopía refleja que me acabo de caer de un guindo. Pero la realidad es que con la dinámica actual, quien lea un sólo periódico, sea aficionado a una radio en particular o vea siempre un mismo telediario, estará engañado. Ahora peor, quien intente contrastar una realidad a partir de la versión que le venden las distintas trincheras de este oligopolio mediático en vías de monopolio, estará definitivamente perdido. Porque la verdad tiene muchos caminos, pero nunca dos caras... mentirosas.
