ANÁLISIS DE LA SEMANA
Pestes
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad01-12-2002
En cada época de la historia la peste, una peste, ensombrece muchas vidas, a algunas las condena a la oscuridad absoluta. El sida es la del siglo XXI. Está repartida por todo el mundo y, como siempre, afecta a los más desfavorecidos, a los excluidos, a los más pobres. Todas precauciones son pocas y siempre es necesaria la información, la difusión, el conocimiento del problema. Otras epidemias afectan al hombre del siglo XXI: la obsesión por un canon casi imposible de belleza, los radicalismos, los relativismos, la falta de pruedencia, la ecología de apariencia, la aparente justicia, el vandalismo camuflado y el descaro del delincuente, las minorías beneficiadas, los beneficios injustos en favor de la mayoría, la exclusión, el consumo envenenado, los venenos consumidos... El sida es la peste, la plaga, la epidemia del siglo XXI, pero no es la única. El virus de inmunodeficiencia humana está considerada la enfermedad de los pecadores. Quienes tienen sida son los leprosos de la época contemporánea, los rechazados de ahora, a los que pocos quieren acercarse empujados por la repulsa, la censura, la crítica destructiva y el asco. Y el miedo... y el gran tabú eterno: la muerte. La belleza es muchas veces la carcoma del alma. Será belleza si está amplia en valores, sin maquillajes ni tallas, sin últimas modas, descafeinada en materialismo y endulzada con salud y bienestar. Y las circunstancias tienen mucho que ver. Si el hombre no respeta su entorno, no se respeta a sí mismo. El hombre enfermo del siglo XXI no se da valor, no mira por sus hijos. Es egoista y rico en dudas innecesarias, en preocupaciones ociosas. No es necesario tomar marisco, ni ternera en Navidad si no se celebra nada. Primero hay que aderezar la conciencia, la vida familiar; luego, hacer justicia, también con los que han perdido su trabajo; después, brindar por el entendimiento, por el respeto, por la libertad. Pero, sobre todo, es necesario brindar por el amor, el amor a lo bestia también entre las bestias. Alguien en cualquier momento puede tirar la primera piedra. Para curar las pestes del hombre del siglo XXI quizás lo mejor no sea esconder la mano.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo