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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Sobre el desarme de ETA

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España27-03-2017

La supuesta entrega de armas que ETA dice que efectuará el próximo 8 de abril exige, de entrada, un ejercicio de fe en el enésimo grupo de mediadores que estos días ejercen de portavoces de la banda. Por no haber, no ha habido ni un comunicado de ETA confirmando esa supuesta voluntad de desarme. Hace ya tiempo que tienen que preguntar en las cárceles para saber todo lo que tienen y dónde lo tienen desperdigado por Francia. Muchos de sus zulos los vigila la Guardia Civil a la espera de que algún incauto se acerque y lo detengan. Los malos lo saben y por eso no se acercan. A esto hay que sumarle que muchas de las armas enterradas se usaron para matar y su análisis serviría para esclarecer atentados y provocar nuevas condenas. Con todos estos elementos, resulta difícilmente creíble que el desarme que prometen vaya a ser total. La cosa apunta a paripé como aquel falso desarme de la caja de cartón de 2014.

Pero sobre todo, el anuncio supone la confirmación de que para que los terroristas hagan lo que tienen que hacer bastaba con pasar de ellos. Nunca la negociación con los terroristas debilitó a la banda como lo ha hecho la marginación a la que se han visto sometidos en los últimos años. No hacía falta ninguna negociación en Oslo, como tampoco era necesaria la excarcelación de Bolinaga. Bastaba dejar que sus presos siguieran pudriéndose en las cárceles, continuar con las detenciones (132 desde el cese de la violencia) y las incautaciones de zulos para que les entrasen las prisas. Con todo, aún persisten voces que piden la implicación de los gobiernos de España y Francia para lo que llaman un final ordenado. Otro eufemismo innecesario que, visto cómo hemos llegado hasta aquí, no hace ninguna falta.

Si la entrega -como dicen- va ser total, entonces no hace falta acercar presos. Si se acercan, sólo se puede entender como una concesión o un premio por entregar unas armas que ya no pueden usar porque su brazo político se les volverían en contra desde la comodidad de la moqueta institucional. Y cada día que pasa, esas pistolas, esa cloratita, ese polvo de aluminio están más viejos y deteriorados, es decir, el tiempo solo corre contra ellos. Cualquier cambio de rumbo en la política de caso omiso que se ha seguido hasta ahora sería usado por ETA y sus voceros para legitimar un final en el que la derrota ha sido tan evidente que no hace falta ni un anuncio formal de disolución.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio